lunes 21 de diciembre de 2009
Lorca, Ian Gibson y la gran cagada.(continuacion)
GARCÍA LORCA DECIDE MARCHARSE A GRANADA
El día 12 de julio de 1936 Federico cenó en casa del poeta chileno Pablo Neruda, donde manifestó: “Me voy a Granada, porque allá trabajo. Hay visos de tormenta y me voy a mi casa, donde no me alcancen los rayos”. Por su parte uno de los comensales le aconsejó: “Quédate aquí. En ningún lugar estarás más seguro que en Madrid”. [27] Pero no hizo caso, sobre todo cuando al día siguiente, el 13, corrió la noticia de que había sido asesinado el diputado derechista José Calvo Sotelo. Por la tarde ya corrían rumores de que los autores del crimen eran guardias de asalto socialistas que actuaron por su cuenta. En el tren de la medianoche salió Federico para Granada. Así lo informa el diario “El Defensor” de esta ciudad del día 15: “Don Federico García Lorca se encuentra desde ayer en Granada”.
Pero no sólo Federico se despidió de sus amigos socialistas, sino también de su amigo falangista Edgar Neville: “Me voy, porque aquí me están implicando en la política, de la que no entiendo nada ni quiero saber nada. Yo soy amigo de todos y lo único que deseo es que todo el mundo trabaje y coma. Me voy a mi pueblo para apartarme de la lucha de banderías y de las salvajadas” [28] . Son las palabras lógicas de quien ve atropellos por parte y parte.
Ahora cabe pensar si algunos marxistas de Madrid empezarían a mirar mal a Federico, que huía de compromisos con el Frente Popular, y de quien conocían sus amistades falangistas. Tampoco les harían mucha gracia los constantes temas católicos de su poesía. Esto parece deducirse de lo publicado por el periódico frentepopulista “El Heraldo de Madrid”, del 18 de julio, es decir, cuando la prensa acababa de hacerse eco del levantamiento militar. Publicaron los izquierdistas una cruel caricatura de Federico vestido de Primera Comunión y un texto despectivo con la liturgia del Corpus bajo el título “García Lorca, ‘Niño Mono, orgullo de Mamá’ ”; palabras que parecen insinuar, de forma peyorativa, la orientación sexual del poeta [29] .
Al respecto de estos días, el prestigioso escritor Ramón Pérez de Ayala, republicano desengañado, llegó a acusar al poeta comunista Rafael Alberti de provocar la detención de su propio amigo Federico, pues estuvo recitando por una emisora de radio que se oía en Granada, versos injuriosos contra los militares alzados, atribuyéndolos falsamente a Lorca. Además, Isabel García Lorca telefoneó a Alberti pidiéndole que no se refiriera más a su hermano, pues podía peligrar su vida [30] . Pero Alberti insistió por radio en que una quinta columna, desde dentro de Granada, les informaba de la situación de los alzados [31] .
EL ALZAMIENTO EN GRANADA
En Granada, ciudad en la que triunfaron las derechas en las elecciones de febrero de 1936, el ambiente estaba bastante caldeado, pues el día 10 de marzo, milicianos de izquierdas arrasaron el local de Falange, incendiaron el diario “Ideal” y quemaron tres iglesias [32] .
La sublevación comenzó el día 20 de julio y no concluyó hasta el 23. Las fuerzas militares granadinas, al mando de oficiales jóvenes y acompañadas de grupos civiles, incluidos falangistas, se enfrentaron a los republicanos, que carecían de armas. De inmediato los militares leales fueron sometidos por los alzados.
La represión al mes siguiente sería muy sangrienta. La acumulación de odio y miedo, la sensación de acorralamiento, por estar Granada completamente cercada de fuerzas del Frente Popular, y las noticias llegadas de Málaga sobre las matanzas que se estaban llevando a cabo contra los alzados, dieron impulso a la vorágine de terror y durísima represión por los elementos más sanguinarios. Efectivamente, desde Málaga llegarían noticias a los sublevados granadinos de las sacas efectuadas por milicianos del Frente Popular desde el día 11 de agosto, con el consiguiente asesinato de 19 militares y guardias civiles, y esto solamente hasta el día 16. Entre ellos, y a pesar de haberse rendido sin ocasionar ni una sola víctima, negándose a disparar sus cañones contra el Gobierno Civil para evitar muertes, el día 11 el capitán Huelin y el 12 el teniente Segalerva, fueron arrancados de la prisión, linchados y asesinados, cuando se hallaban a la espera de juicio. Esta represión izquierdista en Málaga fue mucho antes que la de los del Movimiento, aunque solamente esta última sea la que se recuerde en los libros y en la tele. En Málaga hubo 2.761 muertos en la represión izquierdista, a priori, y 3.864 muertos en la represión derechista, a posteriori. Entre los primeros, por ejemplo, el jefe provincial de Falange en Málaga, Domingo Lozano Molina, sin que hubiera participado ni en guerra, ni en lucha ni en represión alguna. Fue detenido en su casa y fusilado por los milicianos del Frente Popular, en agosto. [33] Quizás por todas estas cosas, en Granada, viejos testigos dirían: “Eran ellos o nosotros” [34] .
Aislados de otros lugares en donde triunfó el Alzamiento, el cual ni siquiera tenía aún un jefe decidido a nivel nacional, asumió el poder en Granada, como gobernador civil, el comandante José Valdés Guzmán, recién ingresado en Falange, aunque no solamente no era falangista, sino que se jactaba en público de rechazar los principios del falangismo, imponiéndose e imponiendo a otros en los puestos de mando de dicha organización. Formó un grupo represivo a su alrededor, variopinto, no falangista ni en el fondo ni en el nombre, compuesto por el jefe de la Policía, Julio Romero Funes; Pablo Rodríguez, “un matón y asesino cruel y vengativo, más conocido por el apodo ‘Italobalbo’ ”; Ramón Ruiz Alonso, de la derechista CEDA, por la que fue diputado; “el Chato de la Plaza Nueva”; “el Panadero”; la “Escuadra Negra”, constituida por un grupo heterogéneo de individuos, la mayoría jóvenes y procedentes de familias de elevados ingresos económicos de la ciudad... [35] ; y, por último, los “camisas nuevas” de Falange (es decir los recién ingresados sin ideales, que querían arrimarse al calor de los vencedores).
La Falange anterior al 23 de julio, es decir anterior a los tejemanejes ultraderechistas de Valdés y anterior a las inscripciones masivas de gente de todo pelaje, era minoritaria: sólo unas decenas de afiliados. Pero también era la única fuerza con ideales, e idealista, entre los alzados de Granada. E inmediatamente, Valdés quiso dominarla. (En el caso granadino se ve con claridad lo que fue el triste sino de este partido a partir de la guerra.) Para ello Valdés impuso como jefe de milicias falangistas a alguien ajeno a la Falange: Manuel Rojas Feijespán, capitán de la republicana Guardia de Asalto. Rojas, en enero de 1933, había sido el responsable de la matanza de los anarquistas de Casas Viejas, los cuales iniciaron una revolución en su pueblo, matando a dos guardias de asalto en los enfrentamientos. Rojas siempre mantuvo que la orden de no hacer prisioneros vino directamente de Azaña, pero fue condenado a 21 años de prisión. [36] Es fácil comprender la mala fama de Falange si se considera que los auténticos falangistas, como los hermanos Rosales, salieron de Granada para luchar en el frente, cara a cara, mientras que en la ciudad y pueblos cercanos, en la retaguardia, a quienes se veía era a los falsos falangistas: un aluvión de dos mil afiliaciones nuevas realizadas en un alistamiento de apenas dos semanas y ante unos mandos que tampoco eran falangistas. Lo único que tenían de la Falange era la camisa azul, y con ella obedecían las órdenes de Rojas: detener a los sospechosos que se les señalaban. Además, la falsa Falange granadina actuaba aislada y todos los líderes nacionales falangistas ya estaban asesinados o detenidos: José Antonio, Ledesma, Onésimo, Ruiz de Alda, Raimundo...
En este ambiente, el falso falangista Valdés necesitaba motivos para domeñar las inquietudes sociales y humanitarias de los auténticos falangistas: los hermanos Rosales y, sobre todo, Patricio González de Canales. Éste tenía nombramiento directo de José Antonio y había acordado un pacto de no agresión con los anarquistas. Pero lo que enfureció a Valdés es que Patricio se negó a que los falangistas participaran en detenciones y ejecuciones. Cuando Valdés dio órdenes al respecto, Patricio las prohibió “terminantemente”. Se produjo un enfrentamiento durísimo entre los dos, y luego entre Patricio y Ruiz Alonso, a resultas de la dura represión de éste. Además la antipatía de Ruiz Alonso venía de lejos; cuando intentó ingresar en Falange tiempo atrás, José Antonio se lo negó, apodándole “el sindicalista domesticado de la CEDA”. Y precisamente habían sido los hermanos Rosales los que le transmitieron la negativa de José Antonio, por lo que las relaciones entre Ruiz Alonso y los Rosales eran de pura enemistad.
Fue tal la dureza del enfrentamiento de González de Canales contra Valdés y Ruiz Alonso, que éstos tomaron la decisión de reconvertir a Falange en una fuerza reaccionaria de choque. Para ello, el primer paso era deshacerse de González de Canales. Valdés, de acuerdo con Queipo de Llano, requirió una avioneta, que desde Sevilla llegó a Granada para llevarse al “díscolo” prácticamente detenido. No se le permitiría volver a Granada. Ahora sólo quedaba el paso definitivo: un golpe contra los hermanos Rosales [37] . Patricio González, al año siguiente pasaría a la clandestinidad, como uno de los fundadores de la Falange Auténtica, fiel al condenado Hedilla.
La detención de Federico García Lorca “se debe a Ruiz Alonso, más por agredir a la familia Rosales que al poeta mismo. La decisión para fusilarlo la tomó José Valdés Guzmán...” Esto afirma el prestigioso historiador inglés Hugh Thomas [38] .
Desde el día 14 de julio, “Federico García Lorca se había mantenido tranquilo en la Huerta de San Vicente, acompañado de sus padres, de su hermana Concha, un par de sobrinos y Angelina, una niñera... hasta que el 20 de julio su cuñado Manuel Fernández-Montesinos, Alcalde de la ciudad, fue detenido en las propias dependencias del Ayuntamiento y enviado a la cárcel. Los testimonios de esos días fueron recogidos en una entrevista realizada por Gibson a Angelina, en el año 1966, cuando tenía 80 años de edad, pero conservaba una mente lúcida envidiable. Recuerda la anciana, que ‘cuando sobrevenían los bombardeos de los republicanos, Federico bajaba precipitadamente del piso superior de la casa y con su hermana Con-cha y ella se escondían bajo el piano familiar’.” [39]
El primer registro tuvo lugar el 5 de agosto. Lo protagonizó el capitán Manuel Rojas, dirigiendo un grupo de pseudofalangistas. Pero no buscaban a Federico, sino a un hermano de Gabriel, el casero. (Por eso, según Luís Rosales, Lorca le diría que Rojas no tenía nada contra él.) “No obstante allanaron toda la casa, ‘azotaron a Gabriel. Maltrataron a la madre y al señorito Federico le dijeron allí dentro maricón; le dijeron de todo. Y lo tiraron también por la escalera y le pegaron. Yo estaba dentro, y le dijeron de todo. Al padre, no le hicieron nada. Fue al hijo’. Así recuerda Angelina este episodio, testimonio que coincide con el sobrino, el hijo de Concha, Manuel, quien en ese entonces sólo tenía cuatro años de edad. Tal acontecimiento, que estremeció a los habitantes de la Huerta, protagonizados por individuos tan siniestros, de baja calaña como Enrique García Puertas, más conocido con el apodo de “El Marronero”, quienes actuaban por su cuenta y contaban con autorización para matar, significó que Angelina se fuera con los tres sobrinos menores de Federico a residir a la huerta de San Enrique, propiedad de unos amigos...” [40]
Es entonces cuando a Federico se le ocurre acudir a sus amigos falangistas para pedirles protección. Se dirige a Luís Rosales, entonces profesor universitario de Literatura a sus 26 años, pero que se disponía a partir hacia el frente como voluntario falangista. Luís, en cuanto recibe la llamada, acude presto a la Huerta de San Vicente y ambos planifican el traslado a su casa, que estaba situada en el centro de la ciudad. Los hermanos de Luís, Miguel y Pepe, y sus padres acogen con los brazos abiertos la petición de Federico. Lo esconden en un piso de la casa, separada escasamente unos trescientos metros del Gobierno Civil, que ocupa el comandante Valdés. Durante diez días, las noches que regresaba Luís del frente, subía a dialogar con su amigo. Y en cada bombardeo de los aviones republicanos, se refugiaban en la planta baja [41] .
Ian Gibson, ante los documentos originales descubiertos en 1979, que confirmaban toda la versión que durante más de cuarenta años venía asegurando Luís Rosales, declara: “Fascinante es la revelación de que el día 15 ya se habían iniciado los trámites para prenderlo, sin informar de ello a Rosales, presentándose en la Huerta de San Vicente una escuadra al mando de Díez Esteve, miembro de la pandilla que rodeaba a Valdés en el Gobierno Civil. Ahora es más evidente que nunca que la denuncia contra el poeta no emanó de la Falange granadina, sino de las gentes, cedistas en su mayoría, que asesoraban al gobernador civil” [42] .
El día 16 de agosto se enteran de que en los muros del cementerio de Granada han fusilado a Manuel, el ex alcalde.
No cabe duda. Tras la “visita” de la patrulla de Manuel Rojas, del día 5, y una vez informados Valdés y Ruiz Alonso de la presencia de Federico García Lorca, debió encendérseles una luz siniestra en la cabeza. Su fama de poeta amigo de comunistas, ¡y de falangistas!, y la emisión por la radio republicana de supuestos poemas suyos contra los sublevados, junto con el temor de que la guarnición de Granada, rodeada de territorio leal a la República, acabara fusilada como la de Málaga (a pesar de que se entregara con bandera blanca), les haría concebir la orden de detención. Aquí fue el chasco: el poeta no estaba en su casa de campo. Tardaron once días en saber el lugar de su escondite. Pero, cuando se enteraron, su alegría debió ser inmensa. ¡Se trataba de la casa de los Rosales! Ahora sí, a los auténticos falangistas les darían “su merecido”.
DETENCIÓN DE FEDERICO
El mismo día 16 se producirá la detención. “Se enteraron del lugar donde se encontraba, por presión que le hicieron los esbirros de Valdés a los familiares que permanecían en la Huerta de San Vicente. Se les amedrentó, indicándoles que si no informaban del sitio en el cual se hallaba oculto, se llevarían detenido al padre. Concha, la hermana, no pudo soportar tal amenaza y les indicó el lugar donde se refugiaba Federico”. [43]
Al enterarse de que a García Lorca lo protegían los Rosales en su casa, Valdés acudió a Ramón Ruiz Alonso. Valdés y Ruiz, entusiasmados por poder matar a dos pájaros de un mismo tiro, redactaron “de común acuerdo” la orden de detención con estas acusaciones: “... rojo destacado, espía de Rusia, amigo de Fernando de los Ríos, miembro de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y escritor que había criticado la España tradicional”. Valdés se decía falangista, sin saber, por ejemplo, que la opinión del boletín de Falange, “Fe”, nunca fue mala sobre el ministro socialista de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos.
Claramente, el gobernador civil José Valdés Guzmán, el que ordenaría la detención y el asesinato de Federico García Lorca, era uno de esos “fantasmones” sobre los que profetizó el propio José Antonio:
“Casi todos los que cuentan con la Falange para tal género de empresas, la consideran no como un cuerpo total de doctrina... sino como un elemento auxiliar de choque, como una especie de fuerza de asalto, de milicia juvenil, destinada a desfilar el día de mañana ante los fantasmones encaramados en el poder”. Más adelante José Antonio advierte del peligro de que se quiera convertir a Falange en una “comparsa” para “reinstaurar una mediocridad burguesa conservadora, orlada, para mayor escarnio, con el acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules... No seremos ni vanguardia ni fuerza de choque ni inestimable auxiliar de ningún movimiento confusamente reaccionario.”
El periodista norteamericano Jay Allen, poco tiempo después, el 3 de octubre de 1936, obtendría permiso de las autoridades republicanas para romper el aislamiento en que se hallaba José Antonio en la cárcel de Alicante. Y le dio a conocer que jóvenes de camisa azul realizaban tareas de represión en territorio rebelde. El líder falangista no quiso creerlo, negándolo dos veces. Pero ante la insistencia del periodista, contestó: “Yo espero y pienso que lo que usted dice no sea verdad. Pero no olvide usted que ellos no tienen líder después de mi encarcelamiento, y no olvide usted que también otras muchas personas eran empujadas a la violencia...”
En Granada quienes llevaban camisas azules ni eran falangistas ni estaban dirigidos por José Antonio, sino por un personaje advenedizo como Valdés.
El portador de la orden de detención de Federico García Lorca fue el propio Ruiz Alonso, de las milicias de la CEDA, quien ni siquiera era neofalangista ni siquiera advenedizo del falso falangismo, para así “humillar a Falange y realzar a las milicias de la CEDA”. [44] Llegó a casa de los Rosales con dos escuadras de esbirros armados, a los que dejó fuera. Los tres hermanos Rosales y el padre estaban ausentes. El cedista aseguró a la madre que todo era algo de rutina. Fue “tan melosa” la actitud de Ruiz Alonso, que hasta el propio Federico se convenció de que nada le iba a ocurrir. [45] Sin embargo, la madre de los Rosales consigue entretener a Alonso hasta mandar recado para llamar a su hijo Miguel, que estaba en la sede (los otros, Pepe y Luís, se hallaban en el frente). Miguel llegó y según su testimonio preguntó a Ruiz que qué pasaba.
- Tengo orden de detener a Federico García Lorca.
- ¿Por qué?
- Porque ha hecho más daño con su pluma que otros con las armas. [46]
Miguel discutió fuertemente e intentó evitarlo por todos medios, pero no pudo hacer más. De esta manera, se lo llevaron al Gobierno Civil. Valdés no estaba allí. A Federico lo registraron y quedó detenido.
Por la noche regresaron del frente Pepe y Luís. E, indignados, acuden inmediatamente al Gobierno Civil para rescatar a su amigo. Pepe se enfrenta en una discusión muy violenta con Ruiz Alonso. Luego recrimina de manera igualmente violenta a Valdés, sin importarle que se halla ante la máxima autoridad del Alzamiento en Granada. Y consigue que le permitan ver al prisionero. Pepe Rosales le promete a un asustadísimo Federico que lo va a sacar de allí. Federico había hablado con su amigo Luís confesándole medio en serio y medio en broma: “He rezado y he prometido no fumar hasta la medianoche para que ganen los militares”.
Al día siguiente, el 17, Pepe Rosales consiguió del gobernador militar, coronel Antonio Gómez Espinosa, una orden escrita de libertad para Federico García Lorca. Y se presenta ante Valdés con ella. Pero Valdés le contestó siniestramente: “Lo siento. García Lorca ya no está aquí. Se lo han llevado a Víznar de madrugada. Y ahora ya veremos qué hacemos con tu hermanito”. Se refería a Luís, acusado de haber escondido al poeta. “Luís Rosales perdía un amigo y quedaba en un gran peligro por haber sido amigo fiel. Trataron de expulsarlo de Falange, y corrieron amenazas muy serias de poder ser fusilado él mismo”. [47] Qué contradicción que un falso falangista expulse de Falange a un auténtico falangista.
Además, Valdés había mentido, porque Federico seguía allí. [48] Se sabe porque Angelina, la niñera, por disposición de la familia, le llevó al poeta la comida (que consistía en un termo de café y un cesto con una tortilla y tabaco) los días 17 y 18 de agosto. [49]
Durante muchos años Luís Rosales ha venido afirmando que, una vez detenido Federico, mandó a las distintas autoridades granadinas un documento en el cual justificaba la inocencia de Federico y por tanto la razón para intentar salvarlo en su casa. Por su parte, Valdés siempre negaría en el futuro que tuviera algo que ver con la muerte de García Lorca. Rosales siempre ha insistido en que, de localizarse los documentos, se vería claramente la verdad y que su actuación había sido limpia. Todo ello como réplica a la leyenda negra que se urdió a su figura. Pero el documento no aparecía. Desde 1983, “gracias a las investigaciones del periodista granadino Eduardo Molina Fajardo... podemos leer la declaración de Rosales”. ¡Era verdad cuanto vino diciendo durante 47 años y era cierto que quien ordenó el asesinato fue Valdés! “No es difícil imaginar el impacto que haría sobre Valdés la lectura de este documento, puesto que quien ordenó la detención del poeta había sido él mismo. Tampoco cuesta trabajo imaginar que, en aquel momento, Valdés se sentiría dispuesto a ordenar el fusilamiento de Luís Rosales, ese falangista molesto que se atrevía impertinentemente a poner en tela de juicio las decisiones de la superioridad”. [50]
Poco después, a principios de octubre de 1936, varios diarios republicanos de Madrid recogerían las declaraciones del presidente de la izquierdista FUE de Granada, que acababa de escapar de dicha ciudad. Según éste, Luís Rosales había estado en gravísimo peligro por haber acogido en su casa a García Lorca: “Estuvo a punto de ser fusilado, pero intervino un hermano suyo, falangista significado...” La noticia era exacta. No cabe la menor duda de que, en aquellos dramáticos momentos, la vida de Luís Rosales peligraba. [51]
“Luís Rosales cargó para siempre con la pena de no haber podido salvar a su amigo. Incluso se llegó a acusarlo de instigar su asesinato... Por eso ahora los versos de Luís Rosales nos suenan tristes: ‘Hay amores que duran algo menos que un beso,/ y besos que han durado algo más que una vida’. [52]
EL ASESINATO DE FEDERICO
Cuando Angelina fue al tercer día a llevarle de comer a Federico, o sea el 19, le indicaron con respuestas evasivas y contradictorias que ya no se encontraba allí. Por testigos circunstanciales se ha comprobado que el poeta fue trasladado la madrugada del 19 a la Colonia, una ex residencia de descanso para niños en época veraniega, convertida, en esa fecha, en lugar de reclusión. Refieren los testigos, que alrededor de las 2 de la madrugada el cura de Víznar, que asistía a los condenados con la confesión, se retiró porque le comunicaron que esa noche no habría ningún otro fusilamiento.
Sin embargo, alrededor de las 4 de la madrugada, “la luna se llevó definitivamente a Federico” junto a dos banderilleros y un maestro. [53] Seguramente fue asesinado por la espalda, junto a unos olivos del llamado barranco de Víznar. [54]
Tiempo después, según Gibson, un tal Manuel Luna, uno de los criminales, escribió una carta a un tal Melchor Fernández con estas repugnantes palabras: “En Granada me he distinguido bastante. Fui de los que asistieron, en una mañana de agosto, al fusilamiento, en el cementerio, ante las fosas abiertas, de setenta rojos, todos ellos bandidos, asesinos, criminales, violadores, incendiarios... y gocé mucho, muchísimo, porque se lo merecían. Entre ellos estaban el Presidente de la Diputación roja, Virgilio Castilla; el ex gobernador rojo de Alicante, Vicente Almagro; el alcalde rojo de Granada, Montesinos... Hicimos una buena limpia... Algunos días después cogimos al canalla de García Lorca -el peor de todos- y lo fusilamos en la Vega, junto a una acequia. ¡Qué cara ponía! Alzaba los brazos al cielo. Pedía clemencia. ¡Cómo nos reíamos viendo sus gestos y sus muecas!” [55]
El acta de defunción dice: “Don Federico García Lorca... falleció en el mes de agosto de 1936, a consecuencia de heridas producidas por hechos de guerra, siendo encontrado el cadáver el día 20 del mismo mes en la carretera de Víznar a Alfacar...” La fórmula “heridas por hechos de guerra” es la misma que se ordenó utilizar por las autoridades del Alzamiento en todos los registros civiles de España para los fusilados. Se trata de una generalización falsa, pues en el caso de Federico, éste no estaba luchando en hechos de guerra. En cuanto a los registros civiles de territorio leal, los miles de asesinados por elementos del bando republicano ni siquiera constan en los libros de defunciones.
La Junta de Andalucía ha editado la obra premiada “Conocer a Federico García Lorca”, donde se dice que “Lorca no murió ni por accidente, ni por enemistades personales, ni por casualidad, como quisieron hacer ver escritores del régimen franquista...”, sino “por su lucha contra el fascismo, sus pronunciamientos contra las injusticias sociales, sus críticas severas y brillantes contra la intransigencia de una España tradicional, sus simpatías por el Frente Popular y su colaboración con las campañas culturales que organizó la República... aunque no estuviera afiliado a ningún partido político... fue una víctima... de la implacable máquina de terror y exterminio puesta en marcha con la intención de suprimir a todos los enemigos del Movimiento”. [56] Yo añadiría que, igualmente , también era una “máquina de terror y extermino” la impuesta en el otro bando por las chekas frentepopulistas contra “todos los enemigos de la revolución” y con las vistas puestas en implantar un estado soviético. Tal era el terrible trance a que se vio sometida España entre ambos fuegos.
EL TRIUNFO DE LOS FALSOS FALANGISTAS
Luís Rosales, expulsado de Falange y encarcelado a la espera de ser pasado por las armas, se salvó gracias a la cuantiosa multa entregada por su familia y, sobre todo, gracias “a la llegada a Granada de uno de los falangistas más desconocidos y dignos de estudio, por su consecuencia y por su dignidad: el médico Narciso Perales, a quien José Antonio había condecorado personalmente en 1935. La llegada de Narciso Perales salvó a Luís; y seguramente hubiera podido salvar a Federico si se hubiera producido un par de días antes”. [57] Narciso Perales, pocos años después, cuando más poderoso era el régimen franquista, renun-ció al mismo para entrar en la clandestina Falange hedillista. Luego, en la Transición, en 1976, sería elegido jefe nacional de “FE-JONS Auténtica”. Su intervención en el magnífico programa de TVE, “La Clave”, cautivó a José Luís Balbín.
Al llegar a Granada, el día 22, tuvo un enfrentamiento con José Valdés, el cual, en el curso de la pelea dijo algo que demuestra por su propia boca hasta qué punto Valdés era un reaccionario de altura, un falso falangista:
“Mire usted, a mí, en eso del nacional-sindicalismo, lo de nacional me parece bien, pero lo de sindicalismo me da tres patadas en la boca del estómago; y lo tengo enfermo, ¿sabe usted?” [58]
En 1973 Narciso Perales declaró en una entrevista: “De haber estado yo en Granada y no en el frente, le aseguro que lo de García Lorca no ocurre.” Y para aquel entrevistador “No hay duda de que no sólo no fueron los falangistas, sino que, a mi modo de ver, el estúpido crimen fue, precisamente, producto de una maniobra contra Falange”. [59]
REACCIONES EN AMBOS BANDOS
En zona republicana, a pesar del homenaje a Federico con una edición de Emilio Prados en Valencia-Barcelona en 1937, su muerte encontró silencio o escaso eco. [60] Luego, los comunistas, además de los sinceros sentimientos de reivindicación y analogía hacia su figura, también descubrieron el gran filón propagandístico que su asesinato suponía, y lo aprovecharon.
Por su parte, los sublevados intentaron justificar el crimen, amparando a Valdés, lo cual les pesaría como una losa durante cuarenta años. Si acaso, existe el testimonio de un fracasado intento de haberlo evitado. “José María Pemán, temiendo por la vida de Federico y conociendo las rivalidades entre las nuevas autoridades... [se refería a la oposición entre Valdés y los falangistas como los Rosales] pidió personalmente a Franco que interviniese”. El general accedió a ello cuando ya era demasiado tarde. [61]
“LOS ÚLTIMOS DÍAS DE GARCÍA LORCA”
El libro “Los últimos días de García Lorca”, de Eduardo Molina Fajardo, publicado en Barcelona en 1983 es un profundo trabajo de investigación llevado a cabo durante décadas, que recopila una increíble colección de testimonios directos de los trágicos días. Yo ya tenía concluida la presente redacción cuando ha llegado a mis manos; no obstante, es indispensable traer aquí algunos detalles que corroboran lo ya narrado y otros que aportan importantes noticias nuevas. Así, conviene advertir que el comandante Valdés, al que tantos historiadores de tres al cuarto y teleseries se empeñan en identificar como falangista, era en febrero de 1936 uno de los responsables de la formación de la candidatura de la CEDA. Que Ruiz Alonso confirmó que la orden de ejecución de Federico la dio Queipo de Llano desde Sevilla. Que dicho Ruiz Alonso, ex-diputado de la CEDA, intentó hacerse pasar por falangista, con camisa azul, ya desde el primer día del alzamiento; siendo desenmascarado por los escasos, pero auténticos, falangistas, que le arrebataron la camisa. Que Ruiz Alonso, junto con otros dos miembros de la CEDA, ¡y no, nunca, falangistas!, llamados García Alix y Trescastro, fueron quienes detuvieron a Federico en casa de los Rosales, cuando éstos se hallaban ausentes. Que en el golpe de fuerza que dieron los falangistas para rescatar a Federico del Gobierno Civil, iban Luís Rosales, sus hermanos, Cirre y diez más, enfrentándose a cerca de cincuenta “denunciadores” y a “fusiladores”. Pepe Rosales accedió al despacho del gobernador Valdés tras atropellar a quienes intentaban impedírselo y tras dar una patada en la puerta para atravesarla pistola en mano. [62]
REACCIONES DE LOS FALANGISTAS
“De nada valió que Luís Rosales intentara salvar a su amigo: murieron los dos; Lorca físicamente y él quedó como el fantasma custodio de la memoria viva del crimen”. [63]
En el futuro, Luís Rosales, tras colaborar en las revistas literarias falangistas desde los años 1937 hasta los cuarenta, abandonó la militancia política del régimen y se distanció de él. En 1982 participó con el PSOE de Felipe González en la asamblea de intelectuales. Y falleció en 1992.
No podemos dejarnos engañar por la fuerza de “una imagen vale más que mil palabras”, que aún hoy sigue produciéndose, en cuanto a la insistencia en implicar a la Falange. Por ejemplo, a pesar de que en tergiversadoras películas sobre el crimen de Federico siempre aparezca el personaje de Valdés con la camisa azul descubierta o debajo de la guerrera militar, en ninguna fotografía de ninguno de los ejemplares del periódico “Ideal”, entre julio de 1936 y verano de 1937, aparece así, sino de uniforme militar. Todo lo contrario. La realidad es que los falangistas reaccionaron con absoluto rechazo al suceso.
Cuando mataron a Federico, José Antonio llevaba cinco meses preso por el Frente Popular y un mes de incomunicación absoluta. A finales de agosto o principios de septiembre llegó la noticia a la cárcel de Alicante. “Su hermano Miguel declaró que José Antonio se enteró del asesinato de Lorca y le impresionó mucho... José Antonio, sabiendo que a él sólo un milagro le podía salvar, no pudo menos que lamentar la injusta muerte de aquel inolvidable casi contertuliano de La Ballena Alegre...” [64]
Federico era el poeta más popular de España, sin distinción de banderías. Y los falangistas y los soldados en general del lado de los alzados gustaban aprenderse y recitar sus poemas. Así ocurrió, por ejemplo, con el inolvidable ardaleño Antonio Zurita, falangista de 1937 (y luego Alcalde en 1963), quien, aunque ya casado, marchó voluntario al frente. Y aún se conserva una vieja carpeta, que siempre llevaría consigo en los dos años restantes de guerra, llena de cuartillas, cartas, apuntes. La carpeta rebosa de poemas de Federico García Lorca, escritos de la propia mano de Antonio Zurita y con las fechas en que los copió: 1937, 1938, 1939. Luego, desde 1939 como secretario del juzgado y en sus tiempos de Alcalde, realizó gestiones innumerables en pro de la reconciliación y ayudando a quienes “perdieron la guerra”.
LA CONDENA DEL CRIMEN POR PARTE DE LOS FALANGISTAS
A pesar de contravenir la versión de las autoridades, se produjo una digna condena de la Falange, cuando aún ésta no había sido desnaturalizada y absorbida por el Decreto de Unificación del 19 de abril de 1937. El falangista Francisco Villena, de Zaragoza, publicaba en el diario “Amanecer”, portavoz “nacional-sindicalista”, una bellísima elegía sobre Federico, con una dura condena a los asesinos, titulado “De una historia que vio la Alhambra” y con esta dedicatoria: “A Federico García Lorca, en la inmortalidad imperial de su paraíso difícil”. El artículo, que merece leerse entero y más de una vez, contiene estos fragmentos:
“La vida de un poeta que el azar de la guerra deshoja y que hoy es sombra; es pesadilla (...). Fue, Federico, una tarde de agosto cuando nos hablaron de tu marcha; pensamos que (...) tú solías hacerte el dormido entre los labios y las redes de pestañas de Yahya, la reina gitana del Albaicín, para expirar unos amores que tenían alma de fandanguillo y corazón de taranta (...) mientras el viejo mundo soñaba que tú habías muerto. Pero pasó el tiempo, nos sorprendió el otoño, el imperio era ya nacido, mas le faltaba el laúd de su mejor cantor (...). De tu suerte preguntamos a la Luna, la que siempre acudió a tu conjuro... Nada nos dijo.”
Sigue una dura diatriba contra los asesinos:
“ ¡Almas de metal! Caro ha sido el tributo con el que nuestra juventud ha pagado el capricho de vuestro fanatismo: el imperio ha perdido a su mejor poeta. Ahora sí que podéis pregonar que la poesía de Lorca huele a tierra mojada.”
Y evocando las palabras de José Antonio contra el “bolcheviquismo de los privilegiados”, sigue más adelante el autor de la carta, considerando a esa ultraderecha asesina como “marxistas blancos”. Se refería a estas palabras de José Antonio: “El pasado día 24 fui clasificado definitivamente como bolchevique por innumerables personas (...). El motivo fue el discurso pronunciado por mí la tarde antes en el Congreso, con ocasión de la Reforma Agraria (...). Los que hoy, ante un sistema capitalista que cruje, sacrificamos comodidades y ventajas para lograr un reajuste del mundo, sin que naufrague lo espiritual, somos la negación del bolcheviquismo. En cambio, los que se aferran al goce sin término de opulencias gratuitas, los que reputan más y más urgente la satisfacción de sus últimas superfluidades que el socorro del hambre del pueblo, esos intérpretes materialistas del mundo, son los verdaderos bolcheviques. Y con un bolcheviquismo de espantoso refinamiento: el bolcheviquismo de los privilegiados” (carta a “ABC” de 31-7-1935):
“ ¡Marxistas blancos! No os conmueve otra cosa que la melodía pagana del oro, al ritmo de la bolsa del gran mundo (...). Repetid fuerte vuestro estribillo ‘¡Con la poesía no se vive!’ (...), pero ya os llegará el dolor (...) y entonces diréis a los poetas, arrastrándoos ante sus pies: ‘Por caridad, un poco de poesía, un poco de fe, una oración, por el amor de Dios’. Porque sabed, ciegos mercaderes, que la poesía es la oración de los pueblos que tienen fe.
‘Esta es la historia (...) hasta que nuestra revolución nacional-sindicalista imponga el amor como método más humano de convivencia”. [65]
Los falangistas de Antequera publicaron el 28 de marzo de 1937 este mismo artículo en su semanario “Antorcha”, demostrando con ello en plena guerra su reivindicación del poeta y su dura condena a los asesinos. [66]
En 1938, el gran poeta falangista Dionisio Ridruejo, aquél a quien José Antonio estimó por su poesía y por la nobleza de sus ideas, también supo que Ruiz Alonso era el delator de Federico. “En la oficina de propaganda de Burgos, (...) Dionisio Ridruejo, tras acusarlo de haber asesinado a Lorca, y tras un careo que Rosales le pidió, lo expulsó del edificio y de su vista, porque no soportaba su presencia”. [67]
A principios de 1939, Giménez Caballero fue a Granada para investigar la muerte, acompañado del coronel Simancas y con el poeta Luís Rosales. Y descubrió que el crimen “tenía otra causa que la oficialmente declarada por Franco”. [68]
El crimen pesaba como una losa sobre el régimen, el cual silenciaba a Federico y a Alberti (el cual se distinguió con versos muy hirientes y violentos no sólo contra el régimen, sino también contra José Antonio, contra su familia, contra todos los literatos que quedaron en zona franquista -Pío Baroja, Azorín...-, contra la Iglesia y hasta contra el mismísimo Dios Padre y su Hijo Jesucristo). Pero a pesar de ello los verdaderos falangistas no dudaron en rescatar y publicar los poemas de García Lorca.
El poeta José María Castroviejo, falangista fundador de las J.O.N.S. de Santiago de Compostela, publicó a principios de 1939 el libro de poemas “Altura”, que la revista falangista “Vértice” de 24 de julio de 1939 calificó como “el más bello libro de poemas de la guerra de España”. Desde luego contrastaba su lenguaje de conciliación y amor con el lenguaje de odio al enemigo que dominaba entre escritores de uno y otro bando. En él se incluía un poema dedicado a Federico García Lorca, con estos versos: “España es una fuente donde abrevan cadáveres,/ llenos de soles justos y amplios de redención./ España gime, llora bajo cuarzos durísimos./ ¡Y era miel de las ansias, y corazón del mundo!/ Ha habido horas terribles que trastornaron hierros./ Piedras, espigas, cruces fueron sacrificadas./ El toro enloquecido mugía en los oteros/ su gran dolor a Europa, sin alma y degradada./ Pero ya están los muertos: miradles cómo alzan/ los cobres centenarios empapados en sangre,/ con unos ojos hondos, que recobran altísimos/ la hondura de los astros y las grandes edades./ ¡Nadie podrá impedir su terrible rumor!/ Ni traidores lejanos, ni nervios sin locura./ El cielo ya transmite sus mensajes amados./ La sangre escribe en diedros un futuro de hermanos...” No es políticamente correcto reivindicar hoy a poetas falangistas que en pleno 1939 reivindicaban de esta forma tan arrebatada a Federico. Pero gracias a José María García de Tuñón Aza, se salva del olvido despreciativo esta noble reivindicación del poeta falangista José María Castroviejo, quien por cierto fue Premio Cervantes 1974. [69]
LA ADMIRACIÓN POR FEDERICO ENTRE LOS FALANGISTAS DE A PIE
Las revistas de la Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera, publicaban desde 1941 y en los años 50 y 60, con toda normalidad, poemas de Lorca y hasta de Alberti. En 1952, por ejemplo, los teatros ambulantes de la S.F. de FET y de las JONS por los pueblos de España, reivindicaban a Lorca y representaban, por ejemplo, su obra “La zapatera prodigiosa”. [70] La misma causa defendían los boletines y revistillas del Frente de Juventudes y de la OJE, desde 1947 hasta 1975. En un informe del SEU aparecía Federico como el poeta más admirado entre 1947 y 1951. Y en todos los años 50 “los falangistas del Frente de Juventudes reivindicábamos a Lorca por encima de otros autores del régimen”. [71] De hecho, la recuperación de la obra dramática del malogrado autor se llevaría a cabo en España durante el franquismo. [72] Así, la poesía y el teatro de Federico García Lorca fue entrando a paso acelerado desde los años 40 en libros, libros de texto, escenarios, revistas, colegios y universidades.
Además de los falangistas de a pie, dos personalidades del régimen, por poner un ejemplo, lamentaron así el crimen. El “francofalangista” Girón: “Si Federico García Lorca no hubiera sido asesinado, probablemente habría sido el poeta de la Falange. No lo conocí personalmente, pero camaradas cercanos a él me hablaron de su admiración, admiración con mayúsculas, y en el sentido más amplio de la palabra, del poeta hacia José Antonio”. [73] Y Serrano Suñer: “Su muerte fue para la Falange doblemente trágica: porque venía a convertir a Lorca en bandera del enemigo, ¡y con qué impiedad lo usó éste!, y porque ella misma perdía un cantor, el mejor dotado seguramente, para cantar la regeneración revolucionaria que la Falange soñaba”. [74]
TÓPICOS Y PANFLETOS AÚN HOY
Lo repito una vez más: la falsa cantinela de que a Federico García Lorca lo mataron los falangistas, lanzada al viento por la propaganda comunista, está extendida por todo el mundo.
El último panfleto llegado a mis manos, que recoge todos los falsos tópicos, es la biografía publicada en Madrid en 1999 por Dolores Montes Amuriza. En cuanto a las páginas dedicadas a los últimos días del poeta, es decepcionante que se pueda sacar a imprenta una colección tal de mentiras, cuyo peor aspecto es, sin embargo, la serie de comentarios gratuitos, sin base, tergiversadores y calumniadores, no sobre hechos concretos, sino sobre posibles elucubraciones de lo que supuesta-mente habrían significado José Antonio y sus ideas en el desenlace del crimen de Federico. Con una incultura e ignorancia total, llamando a la revistaJ
pero con calculada mala fe, calificando a la revista de “radical y violenta”, añade de su caletre “En un contexto así tiene García Lorca pocas posibilidades de sobrevivir”. Se remonta la buena señora nada menos que al año 1934 para implicar a los falangistas en esta muerte. Malea un bello y poético texto del boletín falangista en pro de sacrificio y la virtud, que canta el inocente pudor de los campesinos humildes, para presentarlo, inexplicablemente, como una amenaza contra Lorca. Falsifica la realidad llamando a Valdés “camisa vieja de la Falange”, cuando su partido era hasta el 18 de Julio la derechista CEDA de Gil Robles. Miente diciendo que la tristemente famosa “Escuadra Negra” granadina estaba formada por falangistas.
Gracias a Dios la extraordinaria labor investigativa de solventes historiadores y periodistas ha conseguido que, al menos, entre el público culto, incluido el de ideología izquierdista, se conozca hoy la verdad no sólo de la inocencia de Falange en el crimen, sino, todo lo contrario, sus denodados esfuerzos por salvarle la vida y reivindicar su ilustre figura.
FRAY PABLO DE ARDALES ESTUVO ALLÍ
Al lector ardaleño seguramente le sorprenderá una noticia histórica que hasta hoy nos era desconocida. Según testimonio del entonces capitán José María Nestares, máxima autoridad en la línea del frente que había que atravesar cuando trasladaban a Federico a donde lo iban a matar, lo fusiló el mismo piquete que lo conducía, que cumplía órdenes directas de Valdés. Nestares rasgó el salvoconducto informativo lleno de ira por considerarlo un terrible crimen. A la mañana siguiente, se enteró por el capellán del campamento que ni siquiera le dejaron que atendiera a los condenados, pues esquivaron su puesto. Es decir, previeron, seguramente por órdenes de arriba, que la Iglesia no pudiese interceder por el poeta, ni atenderlo espiritualmente. El capellán era Fray Pablo de Ardales: nuestro paisano Antonio Rioboo Zurita (1895-1939), quien profesaba en el convento de Granada, primo hermano de Antonio Zurita y de la madre de nuestra vecina Loli Villodres. [75]
LA FALANGE ANTE EL POETA HASTA HOY
“FE-JONS Auténtica”, desde 1976, en que se constituyó, reivindicó a Federico. Poco después, el otro grupo, “FE-JONS”, hizo lo propio en sus boletines y prensa. A título de ejemplo y sólo refiriéndome a los papeles que tengo más a mano, encuentro el número de “Poesía Siempre” que le dedicó FE-JONS de Murcia en 1986, con la glosa y los poemas de Eduardo López Pascual. O la revista “En Línea Alternativa”, en 1992, que traía a Lorca, Celaya y Luís Rosales.
El grupo denominado “Los Auténticos”, en “Nuestra Voz” de 17 de septiembre de 1998, publicaba un artículo sobre Lorca, que terminaba con este anhelo:
“Los falangistas auténticos sabemos, como Federico, que ‘Poesía es lo imposible hecho posible’.”
1] Bernardo Gil Mugarza: “España en llamas, 1936”, Barcelona, 1968.
[2]Ian Gibson: “La represión nacionalista en Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca”, París, 1971; “En busca de José Antonio, 1980; y “Aparece un documento inédito sobre Luís Rosales sobre la detención y asesinato de su amigo Lorca”, “El País”, 16 de enero de 1983. José Luís Vila San Juan: “Asesinato de García Lorca. Toda la verdad”, Madrid, 1975. Ricardo de la Cierva: “La Historia se confiesa”, Madrid, 1976. Armando Romero Cuesta: “Objetivo: matar a Franco”, Madrid, 1977. Hugh Thomas: “La Guerra Civil Española”, Madrid, 1979. Fernando Vizcaíno Casas: “Viva Franco, con perdón”, Barcelona, 1980. Luís de Llera, “Mundo Cristiano”, Febrero de 1998. Luís Hernández del Pozo: “Dos poetas andaluces, dos destinos”, Madrid, 2003...
[3] Vizcaíno Casas, 1980.
[4] Ídem anterior.
[5] Revista “Diez Minutos”, la cual incluía dos fotos del actor disfrazado de ultra matón enarbolando una pistola.
[6] José María García de Tuñón, boletín “Fe” nº 17, 1998.
[7] Ian Gibson: “Granada a José Antonio”, “El País”, 25 de noviembre de 2003.
[8] Luís de Llera, 1998.
[9] Guillermo Díaz Plaja: “Federico García Lorca”, 1954.
[10] Ernesto Giménez Caballero: “Retratos españoles (bastante parecidos)
Cierra España.
Lorca, Ian Gibson y la gran cagada.
Este afamado historiador, enaltecido irlandés (nada querido en irlanda) del que cuentan que “bebe alcohol” más que come, que se ha puesto las botas vendiendo libros y dando lecciones de historia de España, ya la ha cagado de nuevo. En este caso con el tema de Lorca.
Lo acompañan en su gazapo pretencioso, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, el Gobierno de ZP, Garzón, y otro cuantos progres “trasnochaditos”.
Lo lamento por los que de verdad admiran la obra de Lorca, que ya es inmortal, independientemente de donde se hallen los restos de su terrenal cuerpo. Terrenal cuerpo, del que por cierto la propia familia de Lorca no estaba de acuerdo en buscar. Porque lo pasado, pasado está; pero claro, hay quien intenta urgar sin tregua en heridas muy viejas para hacer aflorar lo peor de cada uno y fomentar el odio.
En el caso de Gibson, encontró un jugoso filón en la paranoia de escribir una vez sí y otra también sobre los tejos que García Lorca le tiró a Salvador Dalí, cuya consecuencia más inmediata, si es que debemos creer las palabras que nos han llegado del pintor de Cadaqués, no pasó de un recalentón venial y muy alejado de cualquier acuerdo de amancebamiento entre el pintor catalán y el poeta andaluz. A pesar de ello, con ese argumento de homosexualidad virtual al fondo, Gibson escribió una biografía de García Lorca, una segunda parte de esa misma biografía y otro añadido relacionado con el poeta, que tituló “Guía de la Granada de Federico García Lorca”. Después, ya en el 98, Gibson publicó “Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca”, para continuar con “La vida desaforada de Salvador Dalí”, “Lorca-Dalí, el amor que no pudo ser” y “Dalí joven, Dalí genial”, etc.
Lorca, desgraciadamente, fue asesinado de la forma más vil. Si bien, las referencias que me han llegado es que Gibson, progre como él solo, le adjudica a una antigua “derechona” vengativa y burlona la autoría de la muerte de Federico. Una autoría que quiere justificarse alegando que el poeta simpatizó desde siempre con el socialismo más o menos real. De ahí que la actual izquierda, sobre todo el Partido Comunista, se haya apropiado por completo de la figura de García Lorca.
¿Por qué Lorca se refugió en casa de gente de derecha? En concreto de los hermanos Rosales (falangistas).
No sé si tomar el dato como cierto, porque no todo el mundo posee la misma credibilidad, pero el también poeta Gabriel Celaya, nada sospechoso de derechista, asegura en su obra “Poesía y verdad” que Federico García Lorca tuvo una buena relación de amistad con José Antonio Primo de Rivera, a quien incluso hizo un donativo en metálico para las necesidades de la Falange. Y es que Lorca, aún cuando la izquierda más sectaria se haya apoderado de su recuerdo y de su legado creativo, al parecer quiso escribir dejando al margen cualquier tendencia política. Lorca, además de un artista genial, se limitó a ser un gran andaluz y un gran español. Algo similar a lo que quiso ser Dalí, un gran catalán y un gran español, como así vino a reconocer en la hora más decisiva, mediante testamento, al nombrar a España heredera universal de todo su patrimonio.
Las obsesiones, excesos etílicos y fantochadas del señor Gibson ya eran celebres y a veces celebradas cuando vivía en Madrid , en el Bosque, zona cercana a Arturo Soria.
Era la época en que publicaba su odio hacia Irlanda y su ingreso como edil en el Ayuntamiento madrileño (el no haber sido tenido en cuenta creo que precipitó su marcha a Granada).
Las groserías de toda índole eran conocidas por muchos de sus vecinos que evitaban entablar relación alguna con él.
Si odia tanto a Irlanda, su propia patria ¿Cómo va a querer a España?
Ya nos avisaba Julián Marías en su "España inteligible" de la cantidad de historiadores extranjeros ignorantes de nuestro pasado.
El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.Miguel de Cervantes Saavedra.
A continuación os añado literal un extenso texto de un historiador:
11 de Octubre 2006
FALSIFICACIONES Y CALUMNIAS
En mayo de 1997 escribí una carta al Director de la “Casa Museo Federico García Lorca”, en réplica a unos folletos en cuyos dibujos aparecía el yugo y las flechas sobre la camisa de los asesinos del inmortal poeta. En ella le decía: “... Si para toda persona de buenos sentimientos, si para toda persona amante de la paz, la justicia y la verdad, si para toda persona que ama la poesía (y cuánto más lo que representa Lorca), entre las que quiero contarme, es un motivo de rabia y desazón el vil y absurdo asesinato de Federico, imagínese qué no será para la Falange auténtica, manipulada, tergiversada, prostituida, deformada; que, encima, tiene que sufrir la desdicha de verse injustamente señalada con dedo acusador de tan horrendo crimen... Los hermanos Rosales, y entre ellos el poeta Luís, representaban a la auténtica y escasísima Falange granadina de antes de la guerra... el único y frustrado salvavidas al que inútilmente intentó asirse Federico...
‘Manuel Hedilla, legítimo representante de la Falange, desde Salamanca, el 24 de diciembre de 1936, envió la siguiente circular a todos los núcleos falangistas de España: ‘... Donde haya habido detenciones es necesario que os convirtáis vosotros en una garantía de los injustamente perseguidos. La doctrina de Falange es de amor y no de odio; de unión y no de desunión. Que nadie castigue o humille a quienes [hayan actuado] por hambre o desesperación...’ ” [1]
A Federico García Lorca lo mataron los que dieron el golpe contra la República en Granada. Luego, fuera de España, y también dentro, se identificó equivocadamente el régimen franquista con la Falange. Entre otras cosas porque sus símbolos, como la camisa azul y el yugo y las flechas, lo inundaran todo. Ahí está el origen de la confusión y el origen de la calumnia extendida como una mancha de petróleo: “A Lorca lo mataron los falangistas”. La Falange, efectivamente, se puso del lado del Alzamiento, pero para ser barrida de la forma más completa con el Decreto del 19 de abril de 1937.
Con el tiempo y con la fuerza de las pruebas se demostró que la Falange no solamente no había sido la autora del crimen, sino todo lo contrario: la única que intentó todo lo humanamente posible por evitarlo y devolver la libertad al poeta [2] .
Sin embargo, durante el franquismo, la izquierda marxista, especialmente el Partido Comunista, al mismo tiempo que se apoderaba de la figura de Federico, continuó insistiendo en la falsa acusación. “El asesinato de García Lorca fue una total monstruosidad (como todos los asesinatos) y no tiene posible justificación (como ningún asesinato)... Cuando se produjo, todavía no existía estado ni siquiera gobierno en la zona nacional... Aquella vileza fue obra de un pequeño grupo de incontrolados, tolerada por la incompetencia del gobernador civil de Granada, en circunstancias de total aislamiento... La capitalización por el marxismo de la figura de García Lorca... cuando quienes le conocieron y gozaron de su amistad saben de sobra que Federico era ajeno a la política; que incluso había hecho constar más de una vez su irritación por ser usado con fines publicitarios (como cuando Izquierda Republicana le organizó un homenaje)... y sintiéndose plenamente identificado con el pueblo que, en Andalucía, sufría toda clase de abandonos, jamás hizo de ello bandera en favor de ningún partido...” [3]
El poeta Luís Rosales, joven falangista granadino en 1936, además de amigo y discípulo de Federico, declaraba harto de tantas mentiras: “Lo mataron por una calumnia y ahí están los documentos... El Partido Comunista de España, desde hace cuarenta años, está sacando ‘tajada’ de Federico García Lorca” [4] . Desde la Transición, numerosas películas y telefilmes se han producido, a veces con más tópicos que rigurosidad histórica (salvo excepciones). Por ejemplo, en 1996, Andy García estrenó “Sangre de un poeta”, en la que el actor José Coronado interpretaba al personaje Néstor González (falsa parodia de Luís Rosales). Demostrando ser un zoquete, declaró: “Hacer de uno de estos personajes tan repulsivos siempre resulta muy lucido; es un reto” [5] .
Peor ridículo hizo el socialista madrileño Joaquín Leguina, por ignorante, cuando en 1998 se refirió, hablando de oídas, a “los matones de Falange” como responsables del asesinato del poeta. Este malhumorado Leguina es el mismo rencoroso que llamó “mentirosos, traidores y tramposos” a sus compañeros de partido seguidores de Borrell. El mismo mal perdedor al que despachó Alfonso Guerra con estas palabras: “Algunas personas que se pasan la vida argumentando que todo hay que renovarlo, aceptan muy mal que los renueven a ellos”.
Paralelamente, Manuel Fernández-Montesinos García-Lorca, sobrino de Federico y secretario de la Fundación que lleva su nombre, declaraba que “Hay quien parece empeñado en empequeñecer la figura de Federico García Lorca”. Y se refería a falsos tópicos de percibirlo desde la visión folclórica, gay y de izquierdas. Incluso en 2003, en un programa televisivo de Canal 2 Andalucía, protestaba por el empeño politizado en servirse de la búsqueda de su tumba con fines propagandísticos. Algo parecido decía el decano de los críticos literarios italianos, Carlo Bo, quien protestaba por tanta manipulación y confiaba en que a partir del Centenario de García Lorca entrara en declive “su falso mito como intelectual de izquierdas” [6] .
Recientemente me ha producido indignación lo manifestado por Ian Gibson. Resulta intolerable -porque él es buen conocedor de la figura de José Antonio, de su buena relación con Federico y de la verdad sobre la muerte de éste- que, en su afán por criticar al Partido Popular, no haya dudado en soltar unas palabras llenas de bilis, consciente además de su falsedad, al referirse a un busto del año 1962 con la inscripción “Granada a José Antonio”: “¿Cómo se explica que este monumento a José Antonio Primo de Rivera, uno de los mayores responsables de la contienda, se encuentre todavía delante de la Diputación...? ¿No representa su continuada presencia un insulto diario a las familias de los sacrificados...? [7]
LA VERDAD DE LA POESÍA DE FEDERICO GARCÍA LORCA
Para el Profesor Luís de Llera, de la Universidad de Génova, “el genio poético estaba encarnado en Federico, y la poesía era casi un producto natural de su ser. Todo lo que tocaba adquiría ritmo, musicalidad, embrujo... Gongorismo, vanguardismo y populismo se abrazaban en Lorca en una poética original y única... En Lorca se funden la poesía culta y la popular, la tradición y la modernidad, el localismo y la poesía universal... Su nombre ha servido de bandera a grupos y partidos muy alejados de los ideales humanos y políticos del gran poeta... No podemos confundir simpatías genéricas sobre la justicia social con la militancia concreta en el Frente Popular. Lorca participaba de ese fondo liberal común a la cultura española elitista de la época. Tenía tan poco en común con el Frente Popular como con los sublevados... Lorca participa de la libertad expresiva de la cultura secularizada y al mismo tiempo de la religiosidad tradicional, sobre todo en sus formas litúrgicas y populares” [8] .
García Lorca es creyente. “En el ‘Poema del Cante Jondo’ se da plenamente la exaltación de los temas de la liturgia y la devoción católicas”, pero es “todo lo contrario de un deísta. Lo que ama de Dios es su milagrosa capacidad de hacerse tangible, lástico, concreto...” [9] Esa religiosidad es básica en su poesía. Pero un motivo de sospecha para la izquierda atea, a pesar de que Federico prefiriera el campo de la justicia social, de su rechazo del fascismo, su crítica a la intolerancia anticuada y su colaboración con las campañas culturales de los republicanos de izquierda, cuyo vértice fue el teatro ambulante “La Barraca”.
Giménez Caballero (quien luego fue falangista “a ratos”), fundador de “La Gaceta Literaria” y asiduo de Alberti y Lorca desde antes de la República, está considerado como principal figura del “vanguardismo”, corriente también cultivada por dichos poetas. Ha dejado escrito: “Nuestra vuelta al orden lírico entre nosotros fue el descubrimiento de Góngora, que encerraba la clave revolucionaria de la metáfora... Y en ese sentido... tú fuiste, Federico, su suprema expresión, uniendo la poesía más popular y tradicional con la metáfora más inaudita... De ahí que aparecieras como el poeta ideal para José Antonio y para el falangismo de Luís Rosales...” [10] Y estas palabras nos dan paso a una historia de ideales muy cercanos.
FEDERICO, EL POETA PREFERIDO DE JOSÉ ANTONIO.
Recién acabada la guerra (ya muertos Federico y José Antonio) nadie dentro del Estado franquista osaba hurgar en la herida del asesinato de García Lorca, de cuyo motivo el régimen franquista era lógicamente acusado. Pero todos los falangistas que trataron a José Antonio manifestaban públicamente que “Lorca había sido el poeta preferido de José Antonio” y que éste lo consideraba el mejor cantor de la imaginada España nacionalsindicalista [11] . Luego, en los años 40 y 50, los casi únicos falangistas auténticos del régimen, los jóvenes del Frente de Juventudes, pasaban de boca en boca un secreto a voces: “Todos sabíamos la devoción de José Antonio por Lorca” [12] . No en vano, los rudimentarios boletines del F.J. insistirían en la publicación de poemas de Federico, así como la revista “Consigna” de la Sección Femenina de Falange, desde 1941. Precisamente Pilar Primo de Rivera, la hermana de José Antonio, dice en sus memorias que los poetas preferidos de su hermano eran los dos Machado, Alberti, Juan Ramón, Rubén Darío y Federico García Lorca [13] .
Y su primer biógrafo, además de amigo, Ximénez de Sandoval, habla de José Antonio como aspirante a escribir poesía, influenciado por sus poetas preferidos, en este orden: Alberti, Federico García Lorca, Pedro Salinas y Garcilaso de la Vega, con tres modelos líricos respectivos de los tres primeros poetas: “Marinero en tierra”, “Canciones” y “Víspera del gozo”. Y añade que José Antonio, como poeta andaluz, prefería a Lorca antes que a Pemán (decir lo cual, en 1941, era “casi una blasfemia”), y que seguía con interés el teatro lorquiano [14] .
La verdad es que Federico y José Antonio coincidían en no pocos conceptos ideológicos. Y si no, compárese la crítica joseantoniana del nacionalismo (“Pica” nº 1) con esta declaración del propio García Lorca: “Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al español que sólo es español por serlo y nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta, por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos” [15] .
LA BUENA RELACIÓN ENTRE AMBOS
El 27 de febrero de 1935 se reestrenó en el Coliseum madrileño “Bodas de Sangre”, obra teatral de García Lorca. Los amigos José Antonio y Felipe Ximénez estaban entre el público. Y al final fueron al camarín de la actriz Lola Membrives con ánimo de conocer personalmente a Federico y saludarlo. Pero éste no apareció. Sin embargo, muy pocos días después el poeta y el fundador de Falange se conocieron, porque en los últimos días de febrero o en marzo ocurrió la siguiente anécdota. Federico y el poeta vasco Gabriel Celaya, comunista, se citaron, para después de cenar, en el cabaret “Casablanca”. Cuando Celaya llegó lo vio acompañado de José Antonio, y Federico se lo presentó así: “Oye, ven aquí. Te voy a presentar a José Antonio. Vas a ver que es un tío muy simpático”. Y se saludaron. Después los tres pasaron juntos “una noche de whiskys” [16] .
En abril de 1935 sería cuando las tertulias de “La Ballena Alegre” lograba reunir a intelectuales falangistas e izquierdistas. Por un lado, José Antonio, Dionisio Ridruejo, Alfaro, Rubio, y, por otro, Celaya y algunos de los estudiantes de la Residencia. “Nos conocíamos todos y nos insultábamos, pero como un juego, sin hostilidad, como cosa de amigos, de intelectuales, de estudiantes: ¡Fascistas!, ¡Rojos!” Y luego, juntos tomando una cerveza. Parece inverosímil, pero era así” [17] .
El 21 de febrero de 1936 el falangista Felipe Ximénez de Sandoval estrenaba su obra “Hierro y orgullo” en el teatro Lara. En el auditorio estaban José Antonio y Federico. Al terminar, José Antonio subió al escenario y Felipe mandó a un amigo a buscar a García Lorca, deseando el encuentro de ambos. El poeta mandó recado de que subiría. Pero, fuese por el clima político de las elecciones o por culpa de quien fuese, al final se tuvo que marchar José Antonio porque Federico no apareció [18] .
Al año siguiente Gabriel Celaya se iba a enterar de algo sorprendente. Según recoge en su diario, el 8 de marzo de 1936 fue a ver a Federico García Lorca al hotel Biarritz, de San Sebastián, donde se alojaba. (El día antes éste había pronunciado una conferencia sobre el “Romancero Gitano”). Y en esta ocasión Celaya encontró a Federico acompañado del arquitecto José María Aizpurua, fundador de Falange en Guipúzcoa, “joven culto, amante de la poesía y el arte”. Celaya, dado lo caldeado del clima político, estuvo tirante, negándose a saludar a Aizpurua cuando Lorca se lo presentó. Tras marcharse el falangista, Federico le recriminó a Celaya por haber provocado una situación tensa, y le dijo: “Aizpurua es un buen chico, que admira mis poemas. Es como José Antonio. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él” [19] . Yo pienso que sería más bien Federico quien no querría que sus amistades socialistas y comunistas le recriminaran su amistad con José Antonio. Porque, para José Antonio, esa amistad no suponía problema alguno, ya que todos los intelectuales falangistas admiraban a Federico y conocían los deseos del propio José Antonio de que Lorca se acercara a la Falange.
Finalmente hay un testimonio sin pruebas de que existían unas cartas entre Federico y José Antonio. Una de las del poeta comenzaba así: “Mi gran amigo:”. A principios de 1936, es decir en las fechas de las que hablamos, Falange le ofreció formalmente a Federico un puesto importante en la organización. Pero éste demoró su respuesta, como también hizo ante los demás partidos [20] .
Seis días después del encuentro entre Lorca, Celaya y Aizpurúa, José Antonio era detenido en Madrid. Fue acusado de varias faltas, por culpa de las cuales, y a pesar de ser absuelto de todas ellas, ya nunca volvería a salir de la cárcel, sino muerto.
AIRES DE GUERRA PARA UN CORAZÓN DE PAZ
Entre marzo y julio de 1936 se sucedieron huelgas, disturbios y atentados de un signo y otro. Y José Antonio, en la cárcel; primero en Madrid y luego en Alicante. Federico debía estar sufriendo al ver a España que se partía en dos mitades irreconciliables, cuando su afán era encontrar una síntesis unificadora y pacífica. Como se sabe, él siempre quiso estar al lado de los pobres, aunque su familia era la más rica de Fuente Vaqueros. En Madrid no vivía en la Residencia de Estudiantes, sino en un piso propio, en la calle Alcalá. Y sus sensibilidades artísticas le llevaban a volcarse más en relaciones con militantes o simpatizantes republicanos de izquierda. Sin embargo, además de los testimonios de que no tenía prejuicios con Falange, hay otros de que las izquierdas lo criticaron agriamente, y de que nunca quiso apuntarse a nada. “Nunca fue miembro de ningún partido político... [aunque] su cuñado, el socialista Manuel Fernández Montesinos, fue designado alcalde de Granada y Lorca estaba muy relacionado con toda la izquierda literaria” [21] . “El poeta, por regla general, rehuía tomar parte en actos políticos, aunque estuvieran teñidos de referencias al arte...”, incluso negándose a participar en un homenaje a escritores del Frente Popular francés [22] . A juicio de Villegas Astudillo, políticamente, García Lorca jamás estuvo adscrito a partido político alguno, pero siempre mostró una preocupación por los más desposeídos: campesinos y gitanos; los negros de Nueva York. Sus ideas serían socialistas y liberales. Siempre aparecía su nombre y firma para protestar contra los gobiernos dictatoriales del mundo. Compartía la posición de los intelectuales de España, o la protesta, que suscribe con otros escritores para denunciar a Estados Unidos por el maltrato con los independentistas puertorriqueños. “De ahí no pasaba. Y esto le permitía mantener vinculaciones y amigos, además de con republicanos, con algunos sectores de la Falange” [23] .
En 1934 el boletín falangista “Fe” hace un llamamiento exaltado al estudiante español y al grupo La Barraca de Lorca, por su “misión pedagógica”. Y aunque hay un enfoque rechazable al final, no cabe duda que reconoce el mérito de la misma. De esa forma, Eduardo Ródenas, joven universitario falangista, disponía de una cierta formación musical, “reforzada por pertenecer a La Barraca, aquel estupendo teatro ambulante que dirigió Lorca” [24] .
Pero el principal nexo de unión entre Federico García Lorca y la Falange lo constituía un joven poeta, casi discípulo suyo, que en el futuro alcanzaría sitio de honor en la Literatura española: el falangista Luís Rosales, amigos ambos en la común patria chica, Granada. Luís se matriculó en Filosofía y Letras y en Derecho en la Universidad de Granada. Aquí empezará a mostrar su vocación poética y entablará amistad con García Lorca, Joaquín Amigo y Álvarez Cienfuegos, al colaborar con todos ellos en la revista de poesía “El Gallo”. En 1930, a sus 20 años, Luís Rosales llega a Madrid para continuar sus estudios de Filosofía y Letras. Dos años después publica sus primeros versos en la revista “Los cuatro vientos” y en 1935 aparece su primer libro de poemas, “Abril”, inspirado en la relación amorosa que mantuvo con una compañera de facultad. Todos estos años en el Madrid republicano estrecharon la amistad de Federico y Luís.
Los hermanos mayores, Miguel y Pepe Rosales, mientras tanto, se afiliaron a Falange en Granada. Y Luís empezó a ver con simpatía esta organización. Por el mismo tiempo, universitarios falangistas madrileños, como Ródenas, Dionisio Porres y Rafael García Serrano admiraban a Federico, iban a oírle recitar su “Romancero Gitano” o lo recibían en la universidad, cuando trajo a Pablo Neruda. Por allí andaba Luís Rosales, “ya famoso en la Facultad desde la publicación de su hermoso ‘Abril’” [25] .
Debió ser en los violentos mayo o junio del 36 cuando Federico entregó un donativo para las vacías arcas de Falange, según testimonio de Liliana Ferlosio, esposa del escritor Rafael Sánchez Mazas (falangista de la primera hora) y madre del también poeta Rafael Sánchez Ferlosio. Y no sabemos a qué fecha se refiere Luís Rosales cuando testifica que Federico estaba ultimando un romance a los caídos de Falange, hoy desaparecido.
NUEVOS TESTIMONIOS
José María García de Tuñón Aza trae nuevos datos y opiniones sobre la relación entre Federico y José Antonio [26] . Felipe Ximénez de Sandoval recibió el encargo por parte de José Antonio de ponerle en contacto con él. Pero Federico “sintió temor por esta amistad”. Ximénez declaró en 1967: “La última vez que hablé con él fue el 30 de junio de 1936. García Lorca se dirigía al teatro Español para asistir a un acto de homenaje al novelista ruso Máximo Gorki. Insistí otra vez”.
Francisco García Lorca, hermano del poeta, en 1990, sabía de la “admiración que José Antonio sentía por Federico”... “con quien trató de ponerse varias veces en contacto, a través de amigos comunes, sin que Federico accediese” (“Federico y su mundo”).
Y por último García de Tuñón trae el testimonio de un escritor, el falangista Agustín de Foxá, amigo de Lorca, publicado en el semanario “El Español” en 1954. Foxá narra, sin ponerle fecha, su encuentro con Federico en el tren Bilbao-Madrid. Lorca regresaba de Bilbao, donde había pronunciado la conferencia “El ángel, la musa y el duende”. Y Foxá cogió ese mismo tren en Burgos. El granadino le habla de lo exitosa de la conferencia, pasando ambos a una entretenida conversación. Y de repente, Federico saltó diciendo: “Tienes que presentarme a José Antonio. Quiero conocerlo”.
Para mí sigue siendo determinante el contundente testimonio de Gabriel Celaya: José Antonio y Federico acabaron conociéndose y compartiendo tertulia. La explicación de la discreción de ambos en este tema, sobre todo, por parte de Federico, estaba clara: no quería líos ni críticas de parte de sus amigos izquierdistas.
Enviado por un Anónimo
Por aquello de que no se diga que aquí la libertad de expresión esta coartada, por ser este blog mas Nacional ( por español y buscar su unidad en lo universal) que políticamente correcto ( demócrata), acabo de encontrarme un comentario que mas bien merece la pena colocarlo como articulo, por lo cual decido hacerlo, no se hasta que punto es verídico, pero si es cierto que su argumentación (sobre todo con educación) es muy buena, así que lo publico como un articulo mas, la pena es que no se quien lo envía así que lo cuelgo como Anónimo, por lo que a mi respecta es bastante bueno, los demás que opinen lo que les plazca. Gracias por estas palabras.
Otra cosa seria demostrar si esto es verídico o no, mas sabiendo que esta recopilado por republicanos de los cuales ninguno son meramente objetivos, si tengo que añadir como opinión personal una pregunta a quien me ha mandado este documento y a quienes lo han redactado y es esta, EL BANDO REPUBLICANO O ROJOS (para entendernos)NO HUBIERA REALIZADO LO MISMO EN CASO DE HABER GANADO LA GUERRA?,creo que si, mas aun, Negrin se hubiera llevado mas pasta todavía y a las viudas de los combatientes republicanos les hubiera quedado un carajo, además de que sus muertos posiblemente seguirían en unas cunetas junto con los de los nacionales por aquello de que estaban contra la iglesia y se proclamaban ateos.
Cierra España.
Lee esto e infórmate bie de quién "inventó" la memoria histórica.
Franco inventó la memoria histórica
elpais.com
El dictador encargó censos de desaparecidos y exhumaciones desde
1936. El BOE prueba su preocupación por honrar (sólo) a su bando
Natalia Junquera 01/03/2009
La Ley de Memoria Histórica la inventó un dictador, Francisco Franco,cuando sólo era un general golpista. No la llamó así, pero no hay, en el texto arrancado con esfuerzo a las fuerzas democráticas en 2007, nada que el Caudillo no hubiera hecho 70 años antes. Fue Franco el primero en pedir un censo de desaparecidos de la guerra; el primero en encargar a un grupo de expertos un protocolo de exhumación, y el único en preservar por ley las fosas comunes para que no se construyera sobre ellas. Todo únicamente para las víctimas de su bando.
Así se lee en la fuente más fiable posible, al menos, la más oficial.
Múltiples leyes, decretos y órdenes publicadas en el Boletín Oficial del Estado dan cuenta, desde casi el principio de la contienda, en 1936, de la preocupación de Franco no ya por ganar la guerra, sino por honrar a sus víctimas. Así lo han constatado cuatro investigadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) tras dedicar más de 400 horas a bucear en una fuente tan generosa como inabarcable. "Sólo hemos podido arañar el BOE analizando algo más de 3.000 páginas", reconoce Carlos Agüero, coordinador de la investigación.
Franco vigiló que todas sus víctimas fueran inscritas en un censo de desaparecidos o fallecidos acompañando las palabras "muerto gloriosamente por Dios y por España". Y quiso atender "tan justas aspiraciones de los familiares de aquellos que gloriosamente cayeron víctimas de la barbarie roja"; esto es, recuperar los cuerpos de las fosas comunes donde yacían.
Para llevar a cabo la "piadosa finalidad" de devolver a las familias los cadáveres de sus seres queridos, una ley de mayo de 1939 facultó a los Ayuntamientos para no exigir los impuestos que "gravan las inhumaciones, exhumaciones y traslados de cadáveres víctimas de la barbarie roja", obedeciendo a "la verdadera necesidad de rendir el postrero homenaje de respeto a los restos queridos de personas asesinadas en circunstancias trágicas o muertas en el frente y cuyo enterramiento se ha verificado muchas veces en lugares inadecuados".
Otra orden de 1940 publicaba el "modelo de acta de exhumación" que había elaborado su comité de expertos, en este caso, el Consejo General de los Colegios Oficiales de Médicos. El protocolo de exhumación incluía la expropiación temporal de un terreno cuando los restos se hallaran en fincas privadas y la declaración del lugar de "tierra sagrada".
Además, en abril de 1940, el Ministerio de la Gobernación ordenó a todos los Ayuntamientos que adoptaran "medidas que garanticen el respeto a los lugares donde yacen enterradas las víctimas de la revolución marxista". Y explicaba: "Con el fin de evitar posibles profanaciones y guardar el respeto debido a los restos sagrados de los mártires de nuestra Cruzada, los Ayuntamientos acotarán y cerrarán, de modo provisional, pero que reúna las precisas garantías de seguridad, aquellos lugares en donde conste de manera cierta que yacen restos de (...) asesinados por los rojos".
Y para los casos en que nada de lo anterior fuera suficiente, Franco estableció medidas drásticas: "Para defender este camposanto (Paracuellos)", recordaba un decreto de marzo de 1951, "fue desviado en 1941 el torrente de San Miguel, afluente del río Jarama, y se llevó acabo una variante de la carretera provincial de Barajas a Fuente el Saz".
Quiso preservar (y lo logró) los lugares donde yacían sus muertos para que pudieran ser devueltos a sus familias. Mientras, muchas de las fosas de republicanos eran sepultadas para siempre por autovías y edificios. Yconcedió, desde 1936, generosas pensiones vitalicias a sus viudas, algo que las esposas del bando enemigo no lograron hasta 1979. "Hemos encontrado pensiones de más de 1.200 pesetas, un fortunón para la época, y eso, en la España de la posguerra, generó unas élites de vencedores, poderosas y ricas", afirma Agüero.
Para Emilio Silva, presidente de la ARMH, esta investigación derriba la tesis de que Franco diera un "golpe espontáneo" porque "comienza a legislar desde el primer momento" y demuestra lo "absurdo" del debate sobre la ley de memoria: "quienes decían que habría que reparar a los dos bandos deberían haber sabido que uno de ellos se autorreparó durante años". Silva lamenta no haber podido investigar más. "Hemos gastado más de 1.000 euros en las consultas al BOE. Prefiero usar ese dinero para ayudar a familiares a recuperar a los suyos". Como hizo Franco. -
La factura de la guerra
Franco fue tan generoso con las víctimas de su bando como cruel con las del contrario. Mientras concedía "medallas al sufrimiento por la patria" y pensiones vitalicias a unos, vaciaba por completo las casas de otros.
Primero, de gente, llevándose a padres y maridos republicanos a cárceles o fosas comunes. Y después, de todo lo que les quedaba, arrebatando a los supervivientes su su profesión y sus bienes. De hecho, lo uno hubiese sido imposible sin lo otro.
Franco empezó a conceder ayudas y pensiones a sus víctimas en 1936. ¿De dónde salía el dinero? En 1937, Franco estableció por ley el procedimiento para la incautación de "bienes pertenecientes a las entidades de carácter político", esto es, todos los partidos e instituciones democráticas. Después lo hizo familia a familia. "Se juzgó incluso a personas ya muertas para poder requisar sus bienes y pagar la factura de la guerra", asegura Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.
Todo eso está también en la investigación sobre el BOE: "Las comisiones depuradoras", las "incautaciones", las "requisitorias" convocando a cientos de personas ante el juzgado más cercano; las partidas para mantener los abarrotados "campos de concentración"... "Por eso le enviamos el informe a Garzón", afirma Carlos Agüero, coordinador de la investigación. "Era la prueba más contundente e inapelable de la feroz represión de Franco".
p.d. De todo lo escrito y lo se de buena tinta no por el BOE, mi abuelo por desgracia fue uno de ellos (fusilado por la CNT, en enero de 1936 de madrugada) y cito: la incautación de "bienes pertenecientes a las entidades de carácter político", esto es, todos los partidos e instituciones democráticas. Después lo hizo familia a familia. "Se juzgó incluso a personas ya muertas para poder requisar sus bienes y pagar la factura de la guerra", ESTO YA LO HACIAN LOS SINDICATOS Y GRUPOS POLITICOS DEMOCRATAS EN 1931 Y A PARTIR DEL 35,PERO SOBRE TODO CON EL TRIUNFO DE LA FAI EN EL 36, ASI QUE EL GENERALISIMO TOMO BUENA NOTA DE UNA MUY BUENA ESCUELA, LA DE LA IZQUIERDA MAS REACCIONARIA.
Cierra España.
domingo 20 de diciembre de 2009
desmemoria historica
Reproducimos íntegramente el artículo de Diego Mazón publicado en el periódico la RAZÓN con fecha de 16-12-2009:
Dirigentes del Ministerio instan a los responsables de la colección a ajustarse a la Memoria Histórica. Piden también la supresión de las citas a Miguel Primo de Rivera
Defensa prohíbe al Museo del Ejército citar a Franco
El coronel encargado del museo llegó a pedir su relevo por «tergiversación» de la Historia de España.
El Ministerio de Defensa sigue su particular cruzada para evitar que el nuevo Museo del Ejército de Toledo se salga del discurso marcado por la Ley de la Memoria Histórica. Primero fue la supresión de la colección que recordaba la resistencia de Moscardó y sus hombres al asedio de las milicias republicanas sobre el Alcázar de Toledo, sede del futuro museo; luego la eliminación de las placas dedicadas a «los héroes del Alcázar», y ahora llegan los recortes y las censuras a los textos explicativos de la colección, especialmente en la sala dedicada al siglo XX.
Los responsables del Museo y los de la Dirección General de Relaciones Institucionales del Ministerio de Defensa mantuvieron durante el primer semestre del año una agria polémica por los textos explicativos de esta sala. La discusión parte de un gráfico concreto, cuyos textos decían: «Durante la dictadura del General Primo de Rivera finalizó la guerra de Marruecos y la monarquía constitucional se transformó en una monarquía autoritaria. Con la Segunda República (…) no se consigue sentar las bases de un nuevo modelo de Ejército. Asimismo, ninguna de las dos formas de gobierno logra implantar un sistema político estable que unido a la progresiva radicalización de las opciones políticas en medio de una crisis internacional de la democracia desembocó en una guerra entre los españoles».
Esta cita ya suscitó las críticas de los responsables ministeriales. A continuación, la exposición señalaba: «Con la llegada del régimen franquista, el Ejército se ajusta a la estructura de un ejército de paz».
El 11 de febrero pasado se entregó al director general de Relaciones Institucionales de Defensa, durante su visita al Museo, los textos que acompañarían a cada sala. Veinticuatro horas después, éste, Santos Castro, ya estaba llamando al general comisionado jefe del programa del Museo para expresarle su malestar por la denominación de las salas, al tiempo que le trasladaba la orden de la ministra, Carme Chacón, de revisarlas.
En marzo, el subdirector general de Patrimonio Histórico Artístico de Defensa, Álvaro Martínez-Novillo, empieza a plantear las pegas oficiales al texto antes citado. En primer lugar, muestra su sorpresa porque aparezcan los nombres de Primo de Rivera y Franco y no otros como Martínez Campos, Prim, Espartero o Godoy. «Citar a don Miguel –en referencia a Primo de Rivera, señala– me parece fuera de escala por más que en su mandato se “terminase” la cuestión de Marruecos», para recordar a continuación los «rebrotes» de Ifni y la Marcha Verde, hecho este último «que para nosotros tiene muchísima más importancia que lo que pasó en Alhucemas».
En cuanto a Franco, subraya, «creo que si se le menciona expresamente en un texto de este tipo debería ser porque mantuvo a España fuera de la II Guerra Mundial». Y todos estos matices responden a que «hay que tener en cuenta que este texto mural final es el más comprometido y nunca pasará desapercibido».
La primera respuesta de los responsables del Museo descarta cualquier variación por considerar que los textos se ajustan a la Historia. La contestación de Martínez-Novillo eleva en esta ocasión el tono: «El art. 15.1 de la Ley 52/2007 –conocida como de la Memoria Histórica– es muy terminante en cuanto a las “menciones conmemorativas, de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la Represión de la Dictadura”». Así, sentencia que «no se pueden ni deben citar en textos murales como ejemplo a soldados que, por las razones que fueran, vulneraron el ordenamiento constitucional vigente en su momento. Por ello, si se quiere citar el desembarco de Alhucemas, se citará sin referencia expresa al dictador. Y esto no es censura, sino respeto y acatamiento al marco legal vigente mientras no se demuestre lo contrario», subraya. Como colofón, el subdirector de Patrimonio reitera la importancia de este panel del siglo XX para la imagen general del Museo.
La discusión acaba, según los documentos a los que ha tenido acceso LA RAZÓN, con la respuesta del coronel encargado del proyecto. En esta señala que «con respecto a la guerra 1936-39 se ha tratado de mantener un equilibrio cuantitativo y cualitativo entre los bandos enfrentados». A continuación advierte: «La variación de estos criterios, presentando uno sólo de los bandos enfrentados, requiere la redacción de un nuevo discurso museográfico, lo que provocará retrasos y gastos». Y concluye: «Caso de que, pese a lo expuesto, se opte por variar el discurso histórico, el coronel que informa solicita respetuosa, pero firmemente, ser relevado de la jefatura del equipo por negarse con los mismos respeto y firmeza a participar en la ocultación o tergiversación de la Historia».
http://www.1936-1939.com/?p=2901
Cierra España.
sábado 19 de diciembre de 2009
Francesc Macià
Aunque desarolló una carrera militar y fue nombrado coronel del ejercito español, la abandonó para integrarse en Solidaritat Catalana y fue elegido diputado de 1907 a 1923. Fundó la Federació Democrática Nacionalista (1919) y Estat Català 1922, con el objetivo de impulsar un nacionalismo radical. Durante la dictadura de Primo de Rivera hubo de exiliarse y llegó a intentar una invasión armada (Conspiración de Prats de Molló. 1926). Regresó en 1931 y contribuyó a crear Esquerra Republicana de Catalunya. Durante la Segunda República Española fue presidente de la Generalitat de Catalunya, cargo que ostentó hasta su muerte.
(Vilanova i la Geltrú, 1859-Barcelona, 1933) Político catalán. Se integró en el movimiento Solidaritat Catalana y en 1907 fue elegido diputado nacional, por lo que hubo de renunciar a su carrera militar. En 1922 creó el partido Estat Català, destinado a agrupar el catalanismo radical y de izquierdas. Exiliado durante el período en el que dirigió el Gobierno el general Primo de Rivera, en 1926 intentó entrar en Cataluña al frente de una partida para promover un levantamiento general, pero fue detenido por la gendarmería francesa. Regresó a Cataluña en 1931 e integró su partido en Esquerra Republicana. En 1931 proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Tras una serie de negociaciones, aceptó transformar el Gobierno de Cataluña en Gobierno de la Generalidad de Cataluña y elaborar un estatuto de autonomía. Elegido presidente de la Generalidad en 1932, se esforzó en reflejar el ideario autonómico de su partido desde su acción de gobierno, que concluiría con la derrota electoral de su partido (noviembre de 1933).
Cierra España.
viernes 18 de diciembre de 2009
SUCESOS 1934.1ª parte (bis)
No cerraré esta intervención con un epílogo lírico, que estaría muy en su lugar en esta clase de intervenciones. El tono en que he venido expresándome excusa ese epílogo. Lo que había de decirse dicho está, y cuando se ha dicho lo que se tiene que decir, no hay más que un epílogo: no añadir ni una palabra más que, en el mejor de los casos, sería superflua, y hacer punto final. (Aplausos.)
El Sr. Presidente: Tiene la palabra el Sr. Bilbao y Eguía.
El Sr. Bilbao y Eguía: Comprenderéis, Sres. Diputados, que las escasas palabras que he de pronunciar, en nombre y por encargo de esta minoría tradicionalista, por lo mismo que han de ser cordiales y sinceras, han de responder a sentimientos muy diversos de los que pudieran expresar otros sectores de la Cámara; palabras de condolencia leal, cordialísima, exentas de tono disimulo y de toda afectación, que nosotros rendimos como un homenaje de cristiana piedad ante la memoria del adversario muerto y que, precisamente por las diferencias enormes que nos separaban en la esfera de los principios y en el terreno de las conducta, obedecen pura y solamente a un sentimiento de profundo respeto a aquel dolor que en todo espíritu honrado despierta la consideración de la desgracia ajena.
Con el Sr. Maciá no nos ligaba ninguna clase de afinidades políticas. Unidos en repetidas coaliciones electorales, nuestros votos le ayudaron, en los principios de su carrera política, a representar aquí el distrito de Borjas Blancas en diversas legislaturas. La desviación de su pensamiento político fué apartándole cada día más y más de nuestras proximidades, y en los últimos años de su vida, años de profunda crisis espiritual para su conciencia, años de profundos trastornos para la historia española, el Sr. Maciá significaba, quizá más acentuadamente que ningún otro político, la negación radical y conjunta de los tres grandes principios que abarca nuestra fe política y religiosa, eminentemente católica, radicalmente española, sinceramente tradicionalista y -¿por qué no decirlo?- netamente monárquica.
Pero esto no ha de impedir la sinceridad de nuestra condolencia. Comprenderéis, señores, nuestros reparos del mismo modo que nosotros comprendemos vuestras exaltaciones. El Sr. Maciá fué un luchador, profundamente equivocado, a nuestro juicio, pero sincero aun en sus mismos errores, y su figura ha de despertar, según sea quien escriba su historia, en los unos la exaltación de las más cálidas alabanzas, y en los otros la severidad de las más amargas censuras. Pero no hemos de ser nosotros, caballerosos siempre ante el adversario, por lo mismo que somos irreductibles en la afirmación de aquellos principios que consideramos salvadores, los que hayamos de profanar la majestad de la muerte con la severidad de nuestros personales juicios. Y ante la figura de Maciá, como ante la figura de cualquier adversario político, del más enconado de nuestros adversarios políticos, nosotros bajamos la cabeza y doblamos la rodilla reverentes para el dolor de sus amigos e implorantes ante el Tribunal de la Divina misericordia.
Pero hay algo, señores (me vais a permitir que lo diga), hay algo señores, en la muerte de Maciá que esta minoría no puede silenciar, porque consideramos que en ello descansa la mejor alabanza para su memoria. Y es, señores, que si la vida de Maciá fué un constante combate, la muerte de Maciá es para nosotros un edificante ejemplo; y al morir como cristiano, besando con sus labios trémulos, en los que se extinguía la palabra humana, la Santa Imagen del Crucificado, que murió por todos, rectificó en un momento de contrición muchos de los errores de su vida.
Nada importa, señores, nada importa, en definitiva, que el rigor de unas disposiciones laicas privasen a sus mortales despojos de la solemnidad, siempre confortadora, de los ritos católicos, porque hay algo muy alto y muy sagrado a donde jamás podrán llegar ni los extravíos de la pasión ni el rigor de las disposiciones gubernativas y es la santa libertad de la conciencia cristiana, soberana de su contricción, que al invocar la cruz la convirtió no solamente en compañera de su último dolor y en albacea de su última esperanza, sino también en reina y soberana de sus inmortales destinos. (Aplausos.)
Voy a acabar con unas palabras que considero necesarias: Ante la muerte de Maciá, el pueblo español, este pueblo que tendrá grandes defectos, pero que atesora también grandes y ejemplares virtudes, ha sabido guardar la actitud que corresponde a su característica hidalguía, incorruptible en su dignidad, pero caballeroso siempre ante el infortunio. Otra vez España, por lo mismo que es madre, ha sabido disimular el desvío de sus hijos. Nosotros queremos asociarnos a esa conducta apartando los ojos de aquella estrella solitaria que en sustitución de la cruz acompañaba sus mortales despojos, para volverlos al cadáver del señor Maciá y rendirle en homenaje lo mejor que puede ofrecerle nuestra cristiana conciencia: el olvido para sus extravíos y para su alma el fervor de nuestras cristianas plegarias. Y en este sentido, y sólo en este sentido, Sres. Diputados, esta minoría tradicionalista se asocia, cordialmente, a la condolencia de la Cámara por la muerte del Sr. Maciá. (Aplausos.)
El Sr. Presidente: El Sr. Suárez de Tangil tiene la palabra.
El Sr. Suárez de Tangil: Señores Diputados, no temáis que haya de cansaros en demasía con la repetición de conceptos que ya han sido expresados por anteriores oradores con más elocuencia que aquella con la que yo pudiera hacerlo.
Al levantarme a señalar, en nombre de la minoría Renovación Española, el sentimiento por la muerte del Sr. Maciá, no habré de incidir en la falta de elegancia espiritual que supondría el hecho de emitir juicios que, como muy bien decía el Sr. Presidente de la Cámara, son propios ya de la Historia, pero que pudieran ser en este instante inoportunos. Mas si no he de incurrir en ello, tampoco puedo ser infiel a lo que constituye mi propio ideario y el de las masas que represento, que habrían de ver con extrañeza que no se hubiera establecido en estos momentos la separación lógica que con tan buen sentido señalaba el señor Ventosa.
Pues bien; yo he de decir, simple y sencillamente, que para la persona del Sr. Maciá y para su cristiana muerte sobre todo -lamentando, eso sí, la falta de escrupulosidad y de respeto con que se cumplió su voluntad- no habrá sino un homenaje sincero, de consideración personalísima y de rendido tributo de nuestro propio corazón y pensamiento. Quiere decir esto que como caballeros cristianos nuestro homenaje no ha de ser inferior al que le tributen los demás. Como Diputados del Parlamento español ¡ah!, desde esa posición tendríamos que completar la plegaria que elevemos pidiendo a la divina misericordia, que es infinita, perdone los muchísimos yerros, los muchísimos pecados en que el Sr. Maciá incurrió. (Aplausos y rumores.)
El Sr. Presidente: El Sr. Albiñana tiene la palabra.
El Sr. Albiñana: Para hacer brevísimas manifestaciones en relación con el acto que se está celebrando. Debo comenzar afirmando mi más absoluto respeto a la memoria del Sr. Maciá. Pertenecía el Sr. Maciá al nacionalismo catalán, separatista; yo pertenezco al nacionalismo español, unitario (Risas.); pero, por encima de estas diferencias que existen, he de tributar el homenaje fervoroso de mi piedad cristiana a su memoria. Ahora bien; yo no comparto los convencionalismos de la política, ni las farsas parlamentarias dentro ni fuera del Parlamento y quiero hablar, simplemente, como español. Y venerando la memoria -así, venerando la memoria- del luchador Sr. Maciá, yo no puedo sumarme a este homenaje que se le tributa en este instante, sencillamente porque en medio de sus grandes virtudes el Sr. Maciá, cuya alma esté en gloria eterna como yo deseo, tuvo la, a mi juicio, inmensa desventura de enseñar a gran parte del pueblo catalán el grito de muera España. (Grandes rumores.) Y esta es una verdad que se está repitiendo todos los días (Se reproducen los rumores.), a ciencia y paciencia de las autoridades republicanas. (Protestas.- Varios Sres. Diputados: ¡Mentira, mentira!) Y como esto, repito, es verdad, yo me levanto aquí a protestar contra el homenaje que se tributa a una figura que, dentro de la política, la considero yo como enemiga de España. (Un señor Diputado: De la España de S.S.- Protestas y contraprotestas.) Os advierto que yo no vengo aquí con la ambición pueril de cosechar aplausos, que no me importan, sino a decir la verdad. Quería decir, señor Presidente y Sres. Diputados, que estos elementos embusteros... (Indicando a las minorías socialistas y de Esquerra.- Nuevas protestas y contraprotestas.- Varios Sres. Diputados, puestos en pie, se increpan.- El Sr. Presidente reclama insistentemente orden.- El incidente se prolonga varios minutos.)
El Sr. Presidente: Su señoría, Sr. Albiñana, tiene derecho, como todos los Diputados, a emitir las opiniones que correspondan a su convencimiento, pero habrá de hacerlo dentro de un límite de conveniencia y de respeto para los demás y, sobre todo, para la memoria del insigne muerto, que no pugnen con el sentimiento y hasta con la educación de los demás Sres. Diputados. (Muy bien. Grandes aplausos.- Un Sr. Diputado da un grito de ¡Viva España!.- El Gobierno, puesto en pie, y los Diputados de las minorías republicanas y socialista gritan ¡Viva la República!, siendo aplaudido el Gobierno con gran entusiasmo y reiteradamente, por su actitud, por socialistas y republicanos.- Se cruzan interrupciones entre los Diputados socialistas y republicanos y los de las minorías de derecha, produciéndose un tumulto que dura un gran rato: El Presidente reclama orden repetidamente.- El Sr. Prieto: Durante el tumulto han salido de aquí (Dirigiéndose a las minorías de derecha.) voces de ¡Muera Cataluña!.- Grandes protestas en las derechas.- Varios Sres. Diputados interrumpen, no siendo posible oír sus palabras por el tumulto que hay en la Cámara.)
El Sr. Presidente: Yo no puedo creer, no quiero creer, que ningún Diputado haya podido cometer la falta enorme de que hablaba el señor Prieto. (Numerosas denegaciones de las minorías de derechas y protestas de la minoría socialista.)
El Sr. Gorrión Ordás: Yo he oído salir desde esos bancos mueras a Cataluña. (Nuevas denegaciones.)
El Sr. Presidente: ¡Orden! ¡Orden! Yo proclamo desde este sitio la fraternidad y el amor a todas las regiones españolas y el respeto a todas las ideas, mientras se produzcan dentro de la ley. (El Sr. Gil Robles pide la palabra.) E invito al Sr. Albiñana a que no continúe por ese camino, produciendo un espectáculo del que seguramente ya él mismo lamenta el resultado. (Continúan los rumores y las protestas.)
El Sr. Albiñana (disponiéndose, a leer): Estas brevísimas palabras del Sr. Maciá...
El Sr. Presidente: No creo que haya tampoco necesidad de gritar ¡viva España!, como si España estuviera en peligro, porque para amar a España, para mantener la vida de España, para defender la Patria española, la República es suficiente. (Grandes aplausos.- Nuevos ¡vivas! a la República.)
El Sr. Landrove: Es que los que gritan ¡viva España! lo hacen creyendo que así combaten a la República. (Protestas en las derechas.)
El Sr. Albiñana: Señor Presidente, yo felicito a la Presidencia por el éxito que han merecido sus palabras...
El Sr. Presidente: La Presidencia no necesita que S.S. le atribuya o no éxitos felices. (Muy bien.) Lo que hace es invitar a S.S. a que se produzca en términos tales que vayamos rápidamente al final de este incidente.
El Sr. Albiñana: Pero yo tengo que recordar que fué precisamente al lado del Sr. Alba donde aprendí a sentir la monarquía. (Protestas.)
El Sr. Presidente: Pues S.S, ha olvidado la lección.
El Sr. Albiñana: Para terminar tengo que decir que, ante la figura yacente del Sr. Maciá, me descubro como católico y cristiano (Rumores.); pero para su figura política, para su actuación pública, no tengo más que estas palabras finales: ¡Viva España! y ¡viva Cataluña española! (Algunos aplausos.)
El Sr. Gil Robles: He pedido la palabra para un incidente.
El Sr. Presidente: Tiene ahora la palabra el Sr. Muñoz de Diego.
El Sr. Muñoz de Diego: Señores Diputados, me encomiendo a la benevolencia de la Cámara al dirigirme a ello en este momento.
La minoría liberal demócrata no puede permanecer callada en este homenaje a la memoria del Sr. Maciá. (El Sr. Primo de Rivera pide la palabra.) Mi jefe, don Melquíades Alvarez, está ausente de la Cámara y, por ello, no podréis oír su verbo maravilloso haciendo la mejor oración fúnebre a la memoria del Sr. Maciá, y han de ser mis modestas palabras las que se unan a las muy elocuentes pronunciadas aquí por otros miembros en nombre de sus minorías. Callar, silenciar nuestra actitud ante el homenaje al Sr. Maciá, pudiera parecer una omisión maliciosa, voluntaria y turbia y la política debe ser sinceridad y transparencia.
Soy el único miembro de esta minoría presente en la Cámara y tengo, por tanto, la obligación de sumarme a este homenaje. Todo cuanto debe decirse del Sr. Maciá está ya dicho. Don Fernando de los Ríos ha pronunciado una oración maravillosa; don Fernando de los Ríos ha dicho algo que han corroborado después representantes de otras minorías, refiriéndose a que no es este el momento de juzgar la obra política del Sr. Maciá, porque falta, evidentemente, aquella concavidad que presta resonancia a la labor crítica e histórica de la obra del Sr. Maciá, faltándonos la relación para establecer la perspectiva que nos permita contemplar la obra con sus trazos reales y netos, libres de apasionamientos partidistas y de momento.
Yo, que no pensaba pronunciar más que estas palabras, después del incidente que se ha registrado en la Cámara, temo que decir que el homenaje más elocuente a la memoria del Sr. Maciá, que por encima de todo fué un luchador y un republicano, lo han hecho las palabras de sus adversarios, que no han respetado siquiera la muerte, dando lugar a que se haya manifestado el entusiasmo republicano de la Cámara. La minoría radical, la socialista, todas se han levantado para sumarse en el aplauso caluroso al luchador, al republicano, a don Francisco Maciá, y ese es, al fin y al cabo, el mejor elogio, el que más agradecerá don Francisco Maciá. (Aplausos.)
El Sr. Presidente: Tiene la palabra el Sr. Gil Robles.
El Sr. Gil Robles: Brevísimas palabras, con la máxima serenidad que impone el momento, para puntualizar la actitud de esta minoría, en relación con el lamentable incidente que aquí se ha producido.
No voy a hacer manifestación alguna en cuanto al asunto de que se viene ocupando la Cámara, va que, en nombre de esta minoría, con precisa elocuencia, expresó nuestro criterio el Sr. Alvarez Robles.
Bien quisiera yo, Sres. Diputados, que la actitud que esta minoría ha tomado en el incidente, que acaba de producirse, quedara circunscrita a los verdaderos límites de una significación que yo tengo un grande empeño en que no se desvirtúe, por ningún concepto.
Sin ser testigo presencial, por ausencia obligada de la Cámara, de la iniciación del incidente que nos ocupa, sí he podido contemplarlo en los términos agudos en que se produjo hace un instante, y temo que decir, de una manera categórica, que la actitud de este grupo, que en un momento dado intervino en lo más subido del incidente, ha sido debida, pura y exclusivamente, al deseo de no dejar desamparado a un Diputado que pudo ser objeto de alguna violencia (Rumores.), sin que ello signifique una identificación de pensamiento con el Sr. Albiñana, del cual nosotros nos encontramos apartados en tantos extremos. (Aplausos.)
Ya demostramos nosotros en la labor parlamentaria de las Cortes pasadas una discrepancia radical con la política que seguía la Esquerra catalana, cuya más alta representación era el Sr. Maciá, y esa misma oposición política tenemos que mantenerla en el momento actual, pero encerrando siempre nuestra oposición -quiero que quede esto bien claro- dentro de los límites de una cordialidad exquisita con todos los sectores, aunque sean enemigos nuestros, v, desde luego, con una corrección que yo quiero para mi minoría, desde el momento en que la pido para todos los demás, en sus relaciones con nosotros.
Esta ha sido nuestra actitud, y de ella no tenemos que desviarnos.
Aun cuando el Sr. Presidente de la Cámara hizo la oportuna rectificación de unas palabras del Sr. Prieto, quiero que ahora quede hecha una declaración expresa: de estos bancos no ha salido muera alguno. (El Sr. Gordón Ordás: Ha salido, porque lo he oído yo. Lo ha dicho eje señor, que no sé cómo se llama. (Señalando un Sr. Diputado de la minoría popular agraria.) Insisto en que de esta minoría no ha salido, no ha podido salir un "muera Cataluña", porque, sean cuales sean las diferencias políticas que nos separen de los que dominan la política de Cataluña, por encima de ello ponemos el amor a una región predilecta de España (Muy bien.), y que aun en el caso en que nosotros tuviéramos que combatir de una manera enérgica su política, quisiera que quedara muy claro que la combatiríamos precisamente por amor a Cataluña. (Muy bien.- Aplausos.)
Yo no quisiera que este incidente, por mi culpa, tomara ninguna proporción que no debe tomar; pero sí quiero salir al paso de algo que, dirigido a nosotros, en la actitud de grandes sectores de la Cámara podría parecer un reto. Nosotros nos hemos levantado aquí para aplaudir al señor Presidente de la Cámara cuando dijo que, para defender a España, la República no necesitaba de nadie; para defender a Esparta, que es el móvil de nuestras acciones; para servir a nuestro país, que es la meta de todas nuestras aspiraciones políticas; para continuar sirviendo a la Nación en la misma posición que nosotros defendimos el primer alía, en una posición de lealtad absoluta, de lealtad acrisolada, que nace de nuestra condición de ciudadanos v de nuestra conciencia de católicos (Muy bien.), lo podéis creer o no lo podéis creer, pero nuestros hechos hablarán por nosotros. Lo que no hemos de hacer es venir aquí a suscitar incidentes, para que al amparo de un ¡Viva la República!, que quizá en algunos labios sea perfectamente insincero, se vaya a una unión de política izquierdista, en contra de lo que es la voluntad popular. (Grandes aplausos en las derechas.)
Y conste, señores, que podéis hacerlo en la farándula parlamentaria, pero que nadie os creerá, porque para vosotros (Señalando a los socialistas.) la República es cosa secundaria; la utilizasteis cuando creísteis que era para vosotros un medio; la repudiáis ahora, cuando creéis que por otro medio podéis llegar a la consecución de vuestros fines. Allá otros grupos que quieran hacerse tributarios de esa política. Aquí nosotros estamos en nuestros puesto, firmes, a defender a España, donde sea y como sea. Y el día de mañana iremos al pueblo a descubrir todas vuestras maniobras, incluso las que hacéis en una sesión necrológica, al margen de un incidente que no debió pasar de una corrección de la Presidencia. (Aplausos.)
El Sr. Presidente: El Sr. Primo de Rivera tiene la palabra.
El Sr. Primo de Rivera: Este Diputado, que no pertenece a ninguna minoría, se cree, por lo mismo, con la voz más libre para recabar para sí, y se atrevería a pensar que para todos, esta fiducia: la de que cuando nosotros empleamos el nombre de España, y conste que yo no me he unido a ningún grito, hay algo dentro de nosotros que se mueve muy por encima del deseo de agraviar a un régimen y muy por encima del deseo de agraviar a una tierra tan noble, tan grande, tan ilustre y tan querida como la tierra de Cataluña. Yo quisiera que el Sr. Presidente, y quisiera que la Cámara separase, si es que admite que alguien faltó a eso, a los que, cuando pasamos por esta coyuntura, pensamos como siempre, sin reservas mentales, en España y nada más que en España; porque España es más que una forma constitucional; porque España es más que una circunstancia histórica; porque España no puede ser nunca nada que se oponga al conjunto de sus tierras y a cada una de esas tierras.
Yo me alegro, en medio de todo este desorden, de que se haya planteado de soslayo el problema de Cataluña, para que no pase de hoy el afirmar que si alguien está de acuerdo conmigo en la Cámara o fuera de la Cámara, ha de sentir que Cataluña, la tierra de Cataluña, tiene que ser tratada desde ahora y para siempre con un amor, con una consideración, con un entendimiento que no recibió en todas las discusiones. Porque cuando en esta misma Cámara y cuando fuera de esta Cámara se planteó en diversas ocasiones el problema de la unidad de España, se mezcló con la doble defensa de la unidad de España una serie de pequeños agravios a Cataluña, una serie de exasperaciones en lo menor, que no eran otra cosa que un separatismo fomentado desde este lado del Ebro.
Nosotros amamos a Cataluña por española, y porque amamos a Cataluña, la queremos más española cada vez, como al país vasco, como a las demás regiones. Simplemente por eso; porque nosotros entendemos que una nación no es ya meramente el atractivo de la tierra donde nacimos, no es esa emoción directa y elemental que sentimos todos en la proximidad de nuestro terruño, sino que una nación es una unidad en lo universal, es el grado a que se remonta un pueblo cuando cumple un destino universal en la Historia. Por eso, porque España cumplió destinos universales cuando estuvieron juntos todos sus pueblos, porque España fué Nación hacia fuera, que es como se es de veras nación, cuando los almirantes vascos recorrían los mares del mundo en las naves de Castilla, cuando los catalanes admirables conquistaban el Mediterráneo unidos en naves de Aragón, porque nosotros entendemos eso así, queremos que todos los pueblos de España sientan no ya el patriotismo elemental con que nos tira la tierra, sino el patriotismo de la misión, el patriotismo de lo trascendental, el patriotismo de la misión, el patriotismo de lo trascendental, el patriotismo de la gran España.
Yo aseguro al Sr. Presidente, yo aseguro a la Cámara, que creo que todos pensamos sólo en esa España grande cuando la vitoreamos o cuando la echamos de menos en algunas conmemoraciones. Si alguien hubiese gritado muera Cataluña, no sólo hubiera cometido una tremenda incorrección, sino que hubiera cometido un crimen contra España, y no sería digno de sentarse nunca entre españoles. Todos los que sienten a España dicen viva Cataluña y vivan todas las tierras hermanas en esta admirable misión, indestructible y gloriosa, que os legaron varios siglos de esfuerzo con el nombre de España. (Aplausos.)
El Sr. Presidente: El Sr. Rubió tiene la palabra.
El Sr. Rubió: En nombre de la minoría de Esquerra Republicana de Cataluña, de la cual fué jefe el insigne desaparecido, el honorable señor Presidente de la Generalidad de Cataluña, voy a dirigir a la Cámara pocas palabras, las indispensables para agradecer al Sr. Presidente de la Cámara y para agradecer a los Sres. Diputados que me han precedido en el uso de la palabra, cuanto han dicho que sea en elogio, que sea en consideración o que sea de simple comprensión hacia el difunto y hacia la causa que representaba, y también, Sres. Diputados, para agradecer a la Presidencia de la Cámara y para agradecer a los diversos sectores de esta Cámara su presencia en las ceremonias fúnebres que tuvieron lugar en Barcelona durante la semana pasada, cuya importancia no pueden comprender, cuyo valor de consuelo para nosotros no pueden comprender más que aquellos señores que hayan sentido, como nosotros, toda la intensidad del dolor de la pérdida.
En cuanto a los Sres. Diputados que han aludido a la conducta del Gobierno de la Generalidad de Cataluña en la ceremonia fúnebre del entierro, yo les contestaré simplemente que el Gobierno de la Generalidad de Cataluña, en el acto del entierro del Sr. Maciá y en todos los actos de su vida, se imitó a cumplir estrictamente las leyes de la República.
A los Sres. Diputados que no han sabido ahogar en estos momentos sus pasiones, yo les contestaré con el más absoluto silencio, porque no quiero empequeñecer la solemnidad que este acto tiene para nosotros y para la mayoría de la Cámara.
He sido. Sres. Diputados, designado para intervenir en la sesión de hoy, no por mis cualidades personales, sino por mi gran amistad con el difunto Francisco Maciá, amistad que arranca de la época amarga de la vida de Francisco Maciá en que fué separado del Ejército español; porque en aquellos momentos, una de las pocas manos que estrecharon la suya fué la de un coronel de Ingenieros, la mano de mi padre. Desde aquel momento mi amistad con Maciá se fué estrechando; y hoy, al hablar de él, yo no puedo, Sres. Diputados, hacer su elogio fúnebre. Si yo quisiera recordar los momentos de amargura de su vida, las campañas parlamentarias en esta misma Cámara, su destierro y finalmente su victoria, tenga la seguridad de que la emoción ahogaría mi voz y no podría hablar; porque en estos momentos siento toda la avaricia que tuvimos los catalanes al denominar a Maciá con el nombre del «Avi». En realidad debiéramos haberle llamado padre, porque ciertamente lo fué para todos los catalanes. Y si venciendo la emoción, Sres. Diputados, si venciendo esas lágrimas que vienen a mis ojos yo intentase hacer un discurso, ese discurso resultaría pálido al lado de la manifestación que el pueblo catalán rindió al difunto. En las jornadas del martes y miércoles de la semana pasada, Cataluña manifestó directamente su sentimiento; en aquellas jornadas, Sres. Diputados, Cataluña entera tributó su elogio fúnebre a Maciá. Cuando el pueblo habla directamente, nosotros, sus mandatarios, tenemos que escuchar los latidos del corazón del pueblo. No es hora de hablar, es hora de escuchar; pero si realmente no puedo hablar de Maciá ni de su obra, sí he de hablaros de esa ceremonia fúnebre.
Por primera vez después de cincuenta años de catalanismo político la representación del Estado español, la representación política de Cataluña y la unanimidad del pueblo catalána han vibrado con una sola emoción, con una emoción sin interés alguno, sin odios, sin esperanzas ni recelos. Esto, Sres. Diputados, es un hecho nuevo en la historia política de Cataluña, que se ha producido en torno al cadáver de Francisco Maciá, llamado el primer separatista. Y esto quiere decir que con lealtad en el corazón y franqueza en los labios es posible conciliar los más antagónicos intereses, los más contrapuestos puntos de vista. Cuando el miércoles último veíamos los catalanes desfilar las fuerzas del Ejército español ante el cadáver de nuestro ilustre Presidente, comprendimos, Sres. Diputados, la lección póstuma de Maciá; comprendimos que Maciá tenía razón cuando nos decía que dentro de la República española, dentro de la Constitución del 31, interpretada fielmente con arreglo a su letra y con arreglo a su espíritu, cabía una Cataluña libre, completamente libre (Rumores.): la Cataluña rica y plena de que se habla en las estrofas de nuestro himno nacional. (Fuertes rumores.)
El Sr. Presidente: Pero ¿es ésta la primera vez que hemos oído en la Cámara, como una orientación política, el llamado nacionalismo catalán? ¿Es que nos vamos a escandalizar de ello ahora? (Protestas en las minorías de derecha.) Yo afirmo desde aquí que hacen mucho más daño a España aquellos que exageran o desfiguran en sentimiento patriótico que los que guardan silencio y oyen con respeto a los señores representantes de Cataluña.
El Sr. Matesanz: No es eso; no lo ha oído bien el Sr. Presidente.
El Sr. Rubió: Y entonces nosotros, ante el cadáver de Maciá, los que militamos en los campos más extremistas del catalanismo, renovamos nuestra promesa de fidelidad a la República; renovamos nuestra promesa de fidelidad a la Constitución de 1931. (Un Sr. Diputado: ¿Y a España?.- Rumores.) Altísimo Maciá, te seguimos de lejos, pero seguiremos siempre tus huellas. (Aplausos.)
El Sr. Presidente: Tiene la palabra el Sr. Presidente del Consejo de Ministros.
El Sr. Presidente del Consejo de Ministros (Lerroux): Sobriamente, Sres. Diputados, para asociarme, en nombre del Gobierno, con toda sinceridad, a este homenaje que estáis rindiendo a la figura insigne del primer Presidente de la Generalidad y que, debiendo haber sido oración piadosa y justa, llena de emoción, a la memoria de aquel luchador que representaba generosamente un ideal, que no todos compartían, ha estado a unto de convertirse en función política. (El Sr. Aragay: Es el cristianismo de esos señores .- Protestas en las minorías de derecha.) Allá SS.SS. En todo caso, es muy posible que yo prefiriese estar con el cristianismo de SS.SS. que con el libre pensamiento de S.S. (Aplausos en las minorías de derecha y radical.)
Como representantes de la Nación, todos tienen el mismo derecho para levantar aquí su voz y unirse a este homenaje, pero yo quiero invocar para mí un leve derecho de preferencia. Nací parlamentariamente en Cataluña en 1901; fuí allí elegido por primera vez Diputado y lo he sido durante muchos años consecutivamente; luché allí y luché frente a frente y con la mía bien descubierta, dando el pecho y la cara, contra aquellos ideales que podían redundar en perjuicio de la unidad española, del patriotismo como yo lo siento. Pero he de deciros que todavía entonces no era el Sr. Maciá hombre representativo de ningún ideal en Cataluña; lo fué más adelante. Y quiero expresar mi consideración, mi afecto, a la memoria de aquel hombre honrado, porque, fuese cualquiera el punto de partida para su actuación en la vida pública, seguí con tal serenidad, con tal fidelidad, con tan honrada lealtad sus ideales primeros, que, como siempre a los que se expresan en esos términos, yo rendía muda y calladamente al hombre representativo de aquel ideal que me era tan contrario, el homenaje de mi admiración y de mi consideración personal.
Se ha dicho aquí con razón que el Sr. Maciá era un acumulador de energías. Siguiendo la metáfora, me permitirá el Sr. Ventosa y Calvell yo añada que ha sido también un transformador de energías, y me ha de permitir la Cámara que, sin arrogancias de ningún género, yo me atribuya una participación en el triunfo que convirtió al Sr. Maciá en ese transformador de energías de Cataluña.
Destacaba sobre todo en el Sr. Maciá la espiritualidad. Yo no puedo pensar en él, yo no le podía mirar sin acordarme de aquellos versos de Rubén Darío, porque me lo representaba siempre, como la figura hidalga del «Hidalgo Manchego»: con la adarga al brazo, todo fantasía; con la lanza en ristre, todo corazón. Lo dió todo por sus ideales, y dió tanto, que en le última hora de su vida realizó, por aquella transformación, aquel ideal por el cual yo hube en cierta ocasión de ceñir a mi frente los colores de la bandera nacional para ponerla en contra de los que la vilipendiaban. Tengo que decir que el Sr. Maciá ha rendido en las postrimerías de su vida el más eminente servicio a la unidad nacional. ¿En qué ha consistido? Ha consistido en que, haciendo compatibles las libertades de Cataluña con la libertad de España entera, haciendo posible la personalidad regional dentro de la unidad nacional, aquel separatismo espiritual que nos oponía los unos a los otros se haya reducido en términos que ya no tiene sino de vez en cuando alguna que otra voz, de la cual no se hace responsable ningún hombre que sea solvente en la vida pública española. (Muy bien.) Son asperezas que se van reduciendo, son reliquias del pasado, son gritos del dolor de los vencidos; vencidos que debieran llamarse victoriosos cuando ven que Cataluña en el seno de España levanta su personalidad caminando hacia más amplias libertades, que serán compatibles con las de todo el resto del país.
Ahí se levantó una vez un orador en el momento de un drama histórico a decir, terminando un discurso: «La Humanidad camina de cumbre en cumbre, y en cada cumbre va dejando una cruz- ¡mi cristianismo! -, en cada cumbre va dejando una cruz que señala como un jalón las diversas etapas del progreso moral de la civilización.» De igual manera quiero yo decir ahora, plagiándome a mí mismo: la sociedad española va haciendo su historia de cumbre en cumbre, y en cada cumbre va señalando con una victoria como una hoguera espiritual en que se encienden luces de esperanza de esa integración, a que es preciso llegar de todo el país, hoy con la libertad de Cataluña, que cada día se irá haciendo más compatible, más armónica con las libertades del resto de España; mañana, con Estatuto de la región vasca; pasado -cumpliendo fielmente la Constitución, porque ese es nuestro deber y a eso estamos obligados si no queremos ser desleales a la República y a España- (Muy bien.- Aplausos), con todas esas etapas, una de esas cruces que destacan en la cumbre, uno de esos sacrificios es el del Sr. Maciá, que, venciéndose a sí mismo, venciendo acaso inclinaciones de un dolor que expresaba su protesta en frases que no eran las adecuadas, contra la tiranía del pasado y contra las injusticias históricas, pudo en algunos momentos, y debió, suscitar nuestras protestas. Pero posteriormente, cuando presidía una institución que se subordinaba al Estado, que es compatible con el Estado, realizó esa transformación a que me he referido y por la cual ya podemos tender los brazos a todos los catalanes, por encima de la tumba del Sr. Maciá, que, por eso, se ha convertido en un ara sagrada. (Muy bien, muy bien.- Prolongados aplausos en varios lados de la Cámara.)
El Sr. Presidente: ¿Acuerda la Cámara que conste en acta su sentimiento y que se comunique así a la familia del Sr. Maciá y a la Generalidad de Cataluña? (Manifestaciones de asentimiento.)
Así se acuerda.
El Sr. Albiñana: Con mi voto en contra, Sr. Presidente. (Rumores.)
El Sr. Presidente: Constará el voto en contra de S.S
Cierra España.
SUCESOS 1934.1ª parte
Agitada sesión necrológica sobre Maciá. Albiñana provoca un incidente. Diario de Sesiones, de 4 de enero de 1934
El Sr. Presidente: Se va a dar cuenta de una comunicación:
El Sr. Secretario (Alfaro) : Dice así
«Excmo. Sr.: Tengo el sentimiento de comunicar a V. E. el fallecimiento del Honorable Presidente de la Generalidad, don Francisco Maciá Llussá; ocurrida en el día de hoy.
Asimismo he de poner en su conocimiento que, de acuerdo con el artículo 44 del Estatuto interior de Cataluña, me he hecho cargo interinamente de la Presidencia de la Generalidad.
Viva V. E. muchos años.
Barcelona, Palacio de la Generalidad, 25 de diciembre de 1933.-
Casanova.- Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Diputados, Madrid.»
El Sr. Presidente: Señores Diputados, por motivos que la Cámara conoce lo mismo que la Mesa, no ha sido posible dar hasta este momento noticia al Congreso de la triste nueva que contiene la comunicación que acaba de leer el Sr. Secretario. Cumplirá la Presidencia el deber tradicional de dedicar algunas palabras a nuestro ilustre compañero el Sr. Maciá, honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña. Al hacerlo, claro es que no puede prescindir, ni prescindirse en ningún caso, de aquel carácter que ha distinguido siempre a las palabras necrológicas pronunciadas desde este sitio por el Presidente de la Cámara, referidas no tanto a la acción política personal del Diputado de que se tratara, como a su vida parlamentaria, en contacto con los Diputados a lo que ha sido la actuación de la persona a quien se recuerda, en el curso del tiempo, dentro de esta casa.
Vino el Sr. Maciá al Congreso hace va bastantes años; en 1907, por el distrito de Bona (Lérida), y continuó siendo elegido en aquellos Parlamentos hasta 1923. Su actuación fué la de un Diputado celoso y entusiasta, la de un procurador asiduo de los intereses de sus representados. En 1931 fué elegido por Barcelona y por Lérida. Ultimamente, en 1933, lo había sido por Barcelona.
Página destacada de la historia del Sr. Maciá, en el orden parlamentario, es aquel momento en que habiendo renunciado al acta, como consecuencia de la disolución del movimiento de la solidaridad de Cataluña, mil electores del Sr. Maciá vinieron a Madrid a presentar el acta y a requerir a las Cortes para que no dejaran de recibir en su seno el concurso ilustre del que era su Diputado hasta entonces.
No he de entrar en un análisis de lo que ha sido la vida política del Sr. Maciá en órdenes a los que -ya lo he dicho antes- no sería discreto que la Presidencia hubiera de acudir, tanto en cuanto que dignos señores Diputados de distintas significaciones de la Cámara habrán de intervenir después.
La figura del Sr. Maciá pertenece ya a la Historia. La visión de los distintos actos en que ha venido interviniendo no ha de hacerse con un criterio momentáneo, seguramente apasionado, que podría brotar del fondo del pensamiento de los que fueron con él o contra él beligerantes. Pero destacan en la vida del Sr. Maciá dos cualidades que he de subrayar ante la Cámara como ejemplo a otros ciudadanos y a todos los que actúan en política: su abnegación y su tenacidad. La abnegación, condición eminente en la vida pública, que consiste en supeditar todos los afanes, todos los intereses, aun aquellos que puedan merecer y sean más legítimos, a la obra política que se persigue. Quien haya leído, como yo lo he hecho en estos mismos días, el discurso que allá en 1907 pronunciara el Sr. Maciá al desprenderse de algo que formaba parte de su propia personalidad, durante muchos años, más aún que de su cuerpo de su alma, su condición de militar; el sentimiento íntimo con que iba a dejar de serlo y las protestas que hace en aquella ocasión de su amor a España, y de cuanto entrega por mantener y defender una política, no podrá menos de descubrirse con respeto delante de una figura que de tal modo se conduce. Pero además el Sr. Maciá fué un hombre tenaz, persistente, de voluntad irreprimible. En esta raza latina, donde no suelen equipararse las aspiraciones de la inteligencia con la expresión de la actividad de cada hombre público, Maciá fué ante todo un hombre que tuvo una perfecta ecuación entre estas dos facultades suyas: la inteligencia y la voluntad. Maciá, un día y otro día, un año y otro año, persevera en sus ideales, con una tenacidad que a algunos llega a parecerles obsesión; pero era su obsesión la condición más eminente de su carácter. Al fin y al cabo no habría una sola obra en la historia política de un pueblo que hubiera podido realizarse sin la obsesión persistente del hombre que la propagara y la defendiera.
Y recuerdo como una página íntima, inolvidable para mí, ciertos diálogos con el Sr. Maciá, cuando ambos nos encontrábamos emigrados en Bruselas y en París. He de deciros, con la expresión fiel de la intimidad de aquellos diálogos, que no podían estar influidos por, ningún género de consideraciones de momento, ya que uno y otro nos creíamos muy alejados del Poder -era en el año 1921-. Y el Sr. Maciá hablaba con una firmeza, con una estoica serenidad, con una magnífica dignidad, con aquella que tienen los varones fuertes delante de la desgracia. El Sr. Maciá, a quien muchos creían entonces abandonado y poco menos que desilusionado, tenía fe en sus ideas, tenía fe en Esparta, tenía fe en Cataluña, y era un sujeto admirable para el diálogo, no ya con hombres españoles como yo mismo, sino con hombres políticos eminentes de otros pueblos, que se honraban también con su amistad.
Quien aprecie lo que es la evolución del Sr. Maciá desde aquel discurso de 1901, en que se desprende, como digo, con pena, con dolor de lo que formaba parte de su personalidad y en cuyo discurso hay ciertos atisbos republicanos, pero sin romper totalmente con el pasado: cómo el ritmo se va acelerando delante de la situación de España, y cómo, a consecuencia de la evolución de las ideas en Cataluña y en toda nuestra Patria, el Sr. Maciá llega a tener, clara y rotunda, otra significación, apreciará el valor enorme, inmenso, como elemento espiritual y humano, de aquel convencimiento que brota en el Sr. Maciá, y de esta resolución, que va desde su discurso de 1907 hasta aquel momento glorioso, histórico, trascendental, en que proclama la República en Barcelona.
Hay que recoger, señores, este ejemplo: el ejemplo de la persistencia; imitar la obra constructiva. Yo creo -en ello no dudo que interpreto el sentimiento y la voluntad de la Cámara- que la mejor ofrenda que podemos depositar en la tumba de este gran ciudadano es decir que la Cámara española tiene un respeto absoluto y una actitud de buena fe perfecta delante de la implantación del Estatuto de Cataluña, que esta misma Cámara votó en funciones constituyentes, y que no hay núcleos políticos que puedan estorbar, ni quieran estorbar, ni dificultar, ni regatear el ejercicio de la libre voluntad de los catalanes; pero que, al mismo tiempo, esta expresión y este voto es también una espléndida ratificación de la voluntad nacional, de una voluntad española, que junta a los catalanes con todas las demás regiones en una afirmación, que es la afirmación gloriosa de España bajo la bandera dela República. (Aplausos.)
Previa la venia del Sr. Presidente, dijo
El Sr. De los Ríos: Señores Diputados, la minoría socialista quiere rendir el testimonio de su duelo a la memoria de don Francisco Maciá. Lo hace, porque en nosotros suscita una emoción vivamente admirativa esa característica del Sr. Maciá, consistente en un sentimiento heroico de la vida civil, sentimiento de que está impregnada toda su actuación desde que aparece en esta Cámara y en la vida política con motivo de Solidaridad catalana, hasta su muerte. Es esta emoción heroica en la vida civil del Sr. Maciá la que le lleva en los momentos difíciles, muy difíciles, de su vivir, a estar propicio en todo instante a ofrendar cuanto tenía: profesión, libertad, bienes económicos, vida; ello se debe a que Maciá pertenece a esa dinastía de hombres que se sienten absolutamente sugestionados por la constelación de ideales que hay en el interior de su conciencia y que a causa de esa sugestión encuentran firmeza moral y posibilidades para un querer fuerte, querer que brota del centro de su ideal mismo. Yo diría, subrayando palabras del Sr. Presidente de la Cámara, que la característica del Sr. Maciá fué una de las que debe tener todo gran político: Maciá supo querer, supo dotar a su voluntad de objetivos concretos que alcanzar, y cuando él vió claramente en el fondo de su querer, fué fiel a su querer, fué fiel al ideal de su Cataluña y fué fiel, como ahora lo mostraré, al ideal de una España republicana. Quien quiera darse cuenta de esta fidelidad, debe meditar sobre un proceso histórico de la vida española y sobre la significación de un hecho al que voy a referirme.
El proceso es la lucha de Cataluña contra el afrancesamiento político español, contra un cartesianismo político que llevaba a eliminar de la vida española las diferencias reales, vitales, biológico-geográficas y biológico-culturales de nuestras regiones; y en Cataluña, frente a esa posición, a virtud de la cual se hacía exclusivamente un uniforme político y jurídico para España, se levanta una concepción pluralista orgánica del Estado; concepción que, a su vez, es asumida por personalidades en todas las regiones de España; posición que, a causa de la polémica agria que hubo de sostener Cataluña contra el régimen centralista monárquico, llegó a agudizarse en términos, tales, que desembocó en posiciones maximalistas políticas, una de las cuales era la del Estat Catalá. Pues bien, Sres. Diputados, vino la República en el momento en que el caudillo de esa fuerza del Estat Catalá era don Francisco Maciá, en que éste era el símbolo de las reivindicaciones maximalistas de Cataluña, en que, a su vez, se convierte en objeto de la idolatría popular; era la hora del cenit político de don Francisco Maciá ; y en aquel instante Maciá supo querer, y supo querer porque supo renunciar, que es lo más difícil de saber. ¿Cómo renunció a esa posición maximalista?
Era el 17 de abril, y el Gobierno provisional nos había encargado al Sr. Nicolau d'Olwer, a don Marcelino Domingo y a quien tiene el honor de dirigirse a la Cámara, una misión que hubimos de cumplir en Barcelona. Horas de diálogo porfiado, noblemente porfiado; horas en que nuestros pensamiento, no concordes, entrechocaban, haciéndole ver al Sr. Maciá los graves daños que podría acarrear a España una persistencia en la actitud que implicaba la concepción del Estat Catalá, y en aquel momento hubo un repliegue espiritual en el Sr. Maciá. Recuerdo el final de aquella conversación: «Hoy -dijo el Sr. Maciá- hago el mayor sacrificio de mi vida pero lo hago sabedor de su alcance y de su necesidad.» Pues bien; aquél fué un día de albricias para España, porque al saber renunciar Maciá a lo que renunciaba, libertó a España de muchos males posibles, tal vez de una salpicadura de drama civil.
Señores Diputados, no es posible todavía que la concavidad de la Historia nos devuelva el eco de las acciones políticas del Sr. Maciá y podamos juzgarle en la plenitud de su significación, pero, precisamente en esa hora postrera y solemne en que se abre para los hombres el misterio de lo trascendente de la vida, no creo que cabe otra actitud, si no se ha de cometer una injusticia valorativa, más que la de medir a los hombres por el esfuerzo que hayan hecho para llevar a su máxima grandeza espiritual la unidad de su vida. Y porque en este sentido alcanzó una cota muy alta don Francisco Maciá, nosotros, la minoría socialista, le rendimos no sólo el testimonio de nuestro duelo, sino también el de nuestra respetuosa admiración. (Aplausos en varios lados de la Cámara.)
El Sr. Presidente: El Sr. Bello tiene la palabra.
El Sr. Bello: Los diversos grupos que forman esta minoría de izquierdas -Acción republicana, radicales socialistas, federales y Orga- me encargan que les represente en el homenaje a la memoria del señor Maciá. Hemos creído oportuno, para mayor fidelidad del pensamiento, recocerlo en una nota, que, con la venia de la Presidencia, voy a leer.
«El tiempo, transcurrido desde la muerte de Francisco Maciá, así como la magnitud de la manifestación de duelo que le tributó Cataluña, han servido para delinear con cierta perspectiva histórica la figura del gran patriota. Maciá es el guía, el héroe, el símbolo sentimental del pueblo catalán. Conviene explicar, para ejemplaridad de los políticos que amen lo que en otros tiempos clásicos se decía el aura popular, cuál es y dónde está la raíz de esos sentimientos de adhesión. A dos grandes hombres les ha llamado el pueblo en España de la misma manera: a Maciá, «el Avi»; a Pablo Iglesias, «el Abuelo». Y no por sus años -que otros fueron más viejos-, sino por el género de protección y tutela que esperaba de ellos la gran familia catalana, la gran familia proletaria. Los dos eran hombres de acción. Ninguno de los dos dudaba sobre el origen de su autoridad moral. La acción perseverante y firme atrae el afecto, porque los pueblos quieren a aquellos de quienes saben que nunca fallarán, que nunca torcerán su destino.
Tuvo don Francisco Maciá la suerte de figurar entre los pocos guía felices que logran decir a los suyos: «¡Aquí tenéis la tierra de promisión!» Hace falta para eso un ideal circunscrito, una visión rectilínea; hace falta que exista la tierra prometida. Y ha hecho falta, además, en este caso, el concurso de una revolución triunfante.
Y aquí viene lo esencial para nosotros, que pertenecemos a los partidos de izquierda colaboradores en la Constitución de la República. Maciá no torció ni truncó su destino y el pueblo se le mantuvo fiel. Habló cuando lo conveniente y lo acertado era hablar. Cuando era justo conspirar, conspiró. Hubo un día en que España se le hizo inhabitable y se lanzó a la emigración. Cuando la monarquía, para salvarse, interpuso una Dictadura, Maciá forjó una Constitución separatista, como si desahuciara sus propias esperanzas y quisiera cortar las amarras de una vez para siempre. Y el 14 de abril, cuando la primera virtud política era la resolución, la audacia, él dió el salto del tigre, adelantándose a proclamar la República catalana.
Pero entiéndase bien: sólo así pudo ser el héroe; así llegó a ser el símbolo, y por serlo, precisamente por serlo, cuando toda España se alzó en un movimiento revolucionario demostrándole que no estaba solo; cuando desde Madrid se hablaba un lenguaje distinto al de la monarquía, él pudo hacer que Cataluña, sintiéndose libre, entrara con todo entusiasmo y toda lealtad en la Constitución española. Hasta las mayores estridencias de aquellas horas de combate, viniendo del «Avi», venían amortiguadas por un acento patriarcal. Quedó construído el nuevo régimen autonómico y Maciá, sin torcer su destino ni el de su pueblo, siguió siendo el símbolo, no sólo para los catalanes que veían en él la garantía de sus libertades, sino para todos los españoles que por su concurso sentíamos garantizado el concepto más amplio de la unidad patria.
Maciá ha muerto. Su obra queda, su espíritu le sobrevive. Mientras aliente en las generaciones catalanas, entre los «hereus» y los desheredados, el espíritu del «Avi», la República española tendrá en Cataluña su más firme baluarte.» (Muy bien.- Aplausos en distintos lados de la Cámara.)
El Sr. Presidente: El Sr. Ventosa tiene la palabra.
El Sr. Ventosa: La sesión de hoy viene a subrayar y acentuar una nota característica que se observó ya en la manifestación de duelo imponente realizada por el pueblo de Cataluña el día del entierro de don Francisco Maciá. La nota característica consistió en que aquella manifestación no fué simplemente expresión de un sentimiento de solidaridad en el duelo por la muerte del primer presidente de la Generalidad de Cataluña. Había esto; pero no era sólo de Cataluña la manifestación de duelo, sino que en ella figuraba la más alta representación del Estado, el Sr. Presidente de la República; había una representación de las Cortes; existía representación de muchas ciudades españolas; figuraba representación de las más altas instituciones de España. ¿Por qué? Ni el acto del entierro ni la sesión de hoy representan la exaltación de un partido ni la aprobación de una política. Nosotros fuimos adversarios de Maciá durante su vida, y, sin embargo, asistimos al entierro y nos sumamos hoy al acto de homenaje. ¿Qué significa entonces? ¿Es simplemente ese impulso de generosidad que nos lleva a extremar los elogios a los muertos, como muchas veces extremamos los ataques a los adversarios vivos? No. En el homenaje a Maciá hay algo más: el sentimiento de que en su personalidad existe algo que merece este tributo de respeto y de consideración excepcionales.
No quiero referirme a las condiciones de la persona, de las que elocuentemente han hablado el Sr. Presidente de la Cámara y otros señores Diputados; me refiero a una condición de Maciá, en la cual seguramente todo el mundo está conforme, y es que Maciá, por una ley psicológica misteriosa, independiente de otras cualidades personales, tuvo la virtud, tuvo la fuerza de ser un condensador de entusiasmos y de adhesiones populares. Con razón o sin ella, por lo que fuera, representó un condensador de energías y de entusiasmos. El uso que hiciera de esa facultad excepcional no es hoy el momento de juzgarlo. Como se ha dicho muy bien, es muy poco el tiempo transcurrido para que podamos formular serenamente nuestro juicio, favorable o adverso, sobre la obra realizada por Maciá; pero ya, desde ahora, podemos señalar alguna cosa que debe traducirse en su elogio. A ello hacían referencia indirectamente algunos de los señores que han hablado, y es que en el momento del desbordamiento revolucionario, Maciá, condensador de energías y de entusiasmos, dió a aquel movimiento revolucionario, por su propia manera de ser, por su ideal, por su invencible optimismo, un sentido positivo y de afirmación que evitó, como acaso hubiera ocurrido, que pudiera derivar en actuaciones anárquicas, caóticas, meramente negativas.
Y concretamente, respecto del problema de Cataluña, prescindiendo de antecedentes sobre los cuales no hemos de formular ahora juicio, es evidente que la actuación de Maciá contribuyó a que este problema, que tantas pasiones despierta y que tantas violencias podía suscitar, tuviera una solución adecuada dentro del marco de la Constitución española y mediante una ley votada por las Cortes de la República. Yo creo que éste es un hecho y ésta es una nota, de tanta trascendencia, que bien merece que las Cortes rindan hoy a la memoria de Francisco Maciá este homenaje de respeto y de consideración.
El Sr. Presidente: El Sr. García-Bravo Ferrer tiene la palabra.
El Sr. García-Bravo Ferrer: La minoría republicana conservadora alza también su voz para dedicar en breves pero emocionadas palabras un recuerdo y un homenaje a la memoria del que fuera honorable primer Presidente de la Generalitat de Cataluña.
No pueden estas palabras, por ser mías, tener los acentos de elocuencia de aquellas que, con delectación ha escuchado la Cámara, y por ser ellas intérprete del criterio y del pensamiento de la minoría a que me honro en pertenecer, no podrán ser tampoco de loa ni de alabanza para la obra o para la labor política que realizara don Francisco Maciá, y con la cual nosotros estuvimos casi siempre en público y notorio desacuerdo. Ello no es obstáculo para que evoquemos con emoción la figura de Maciá y para que reconozcamos públicamente cómo aquel hombre que fué a un tiempo caudillo y guía de las multitudes y símbolo de las aspiraciones de Cataluña, siguió en todo momento, en la vida pública, caminos y sendas de los más elevados ideales y supo esmaltar su personalidad política con admirables y ejemplares virtudes cívicas.
En homenaje precisamente a la memoria de don Francisco Maciá, la minoría republicana conservadora silencia hoy el criterio que le mereciera su labor política. Sin embargo, nosotros tenemos que destacar una vez más aquella que fué la condición más estimada para nosotros en el Sr. Maciá: sus emperrados afanes idealistas. Y es que a nosotros, cuando examinábamos el panorama de la política nacional, los viejos partidos de Cataluña y sus hombres representativos, quizá por inexperiencia nuestra, se nos antojaba que sólo se preocupaban de las cuestiones económicas y financieras, y quizá debido también a esa inexperiencia teníamos la sensación de que toda la política de Cataluña estaba demasiado tocada de los problemas materiales, y fué un contraste alentador para nuestro espíritu romántico ver cómo la figura señera de don Francisco Maciá daba un mentís a ese concepto que nosotros teníamos de la política de Cataluña.
Esto es lo que nosotros queremos destacar singularmente en la figura de don Francisco Maciá, a quien creemos digno, a pesar de nuestra discrepancia con toda su política, de nuestra admiración. Silenciamos, por lo tanto, en homenaje debido a su memoria, el juicio que su labor política nos merezca. Como republicanos, hemos de evocar siempre con enorme emoción la figura de don Francisco Maciá, luchador en aquella gesta de las conspiraciones revolucionarias. Nosotros participamos en el dolor íntimo de los que fueron sus amigos y de los que fueron sus leales en vida y seguirán siendo leales a su memoria, y como cristianos, al pie de la tumba en que yace Maciá, elevamos una plegaria al Dios de la justicia, que es también el Dios de la misericordia. (Aplausos.)
El Sr. Aguirre: Pido la palabra.
El Sr. Presidente: La tiene S. S.
El Sr. Aguirre: La figura de don Francisco Maciá tiene para nosotros doble motivo de admiración y de profundo respeto. Al Sr. Maciá, nacionalista catalán, le unían con nosotros grandes vínculos derivados de una identidad ideológica; el Sr. Maciá, además, era gran amigo nuestro; el Sr. Maciá era afiliado de honor del partido nacionalista vasco. Pero he de fijarme exclusivamente en dos puntos en este acto de homenaje póstumo a la memoria del Sr. Maciá. Hombre de ideal, representa para nosotros una esperanza; hombre abrazado al sacrificio durante toda su vida, consecuente con su pensamiento, limpio en sus procedimientos, para nosotros, principalmente para la juventud que lucha por ideales de nobleza, y lucha por la libertad de su pueblo, así como él luchó por la del suyo, la figura del Sr. Maciá es y será tanto más elevada cuanto mayor sea nuestro concepto del ideal. Pero, además, nosotros, que propugnamos la libertad para nuestro pueblo y al mismo tiempo propugnarnos con todas las ansias de nuestro corazón, una civilización netamente cristiana, una civilización que borre lo mismo la hipocresía, que tanto ha dañado las puras esencias de la religión, como el sectarismo, del cual estamos heridos, en la figura de Maciá, muerto, con el Cristo en sus manos, vemos sublimarse la figura del sacrificio, y de aquel Cristo que está en sus manos sentimos emanar toda suerte de ánimos y de empujes para que nuestra labor, sobre la base del sacrificio, siga por la ruta que ha emprendido. Dios, en los Cielos, mirando por los pueblos de la tierra, y estos pueblos, Sres. Diputados, viviendo como Maciá quería y como nosotros queremos, en plena libertad, hermanada luego en un gran ideal de redención que abarque la Humanidad entera.
De aquí que en la figura de Maciá veamos al hombre de ideal, que luchó por su patria como nosotros luchamos por la nuestra, y al hombre que muere, al fin, con el Cristo en sus manos, que constituye precisamente el consuelo, el resumen, la satisfacción suprema de los que, como nosotros, queremos hoy y mañana, destinar nuestras vidas por medio del sacrificio a un magnífico ideal de redención de los pueblos y de la Humanidad. (Aplausos.)
El Sr. Presidente: El Sr. Alvarez Robles tiene la palabra.
El Sr. Alvarez Robles: Señores Diputados, si la minoría popular agraria callase durante el curso de toda esta sesión, tengo la seguridad de que su actitud se prestaría a muy diversas interpretaciones, a todas esas interpretaciones que han ido sirviendo de base a la edificación de las teorías que nos explican la doctrina del silencio. Aquellos que creen que callar es lo mismo que otorgar, verían en nuestro silencio una afinidad, mejor dicho, una coincidencia con todo lo que aquí esta tarde se ha manifestado sobre Maciá, considerado como político. Para aquellos que profesan la teoría de que «quien no está conmigo está contra mí», nuestro silencio podría equivaler a un disentimiento con las patentizaciones de dolor que se han puesto de relieve en esta sesión necrológica. Tenemos la seguridad de que para nadie sería nuestro silencio un silencio elocuente: para unos sería tal vez una maniobra; para los otros, una actitud turbia, y nosotros queremos huir en todo momento de las actitudes turbias; somos partidarios de áctitudes tan claras que todos las entiendan y no puedan menos de entenderlas.
Lamento verdaderamente el encargo delicado que se me ha conferido, tan delicado que me parecerá poca la máxima cautela que ponga en mis palabras, de las cuales quiero apartar -lo digo como criterio interpretativo- todo lo que signifique un aspecto polémico, e incluso todo lo que pudiera producir un efecto retórico.
Estamos, de un lado, ante la presencia de un dolor íntimo de los que deploran la desaparición del pariente, del amigo, del compañero de representación parlamentaria; pero, de otro lado, han salido a relucir hoy idearios, principios, actuaciones políticas, sobre los cuales no es este el momento de que nosotros fijemos una actitud. La tenemos fijada, resellada y reiteradamente consignada, y no es este el momento, repito, de que una vez más la consignemos; pero tampoco es el momento de decir que la ratificamos. Es el momento, sencillamente, de decir que queda en pie.
Dos fases distintas del mismo problema, dos fases que hay que considerar distintamente también, para que ninguna invada el área de la otra, y así esta hora puede ser y sea, efectivamente, una hora de condolencia. pero de una condolencia cortés y sincera, porque la cortesía, para serlo, no necesita esconderse en los equívocos ni engañar con los disfraces de la mentira. (Muy bien, en las minorías de derechas.)
Se ha hablado aquí de Maciá persona; se han hecho patentizaciones, como decía, del dolor que a todos hoy ha producido su desaparición, y nosotros, por un principio de humanidad que debe ser común a todos los bien nacidos, nos asociamos de todo corazón a ese dolor. He dicho por un sentimiento de humanidad y no quiero que se hagan reservas mentales acerca de mis palabras; quiero hacer la salvedad expresa de que hay algo más: un sentimiento de solidaridad cristiana, al que aludía el Sr. Aguirre, y que hace que nosotros deploremos singularmente la muerte del hombre, que ha venido a fallecer en el seno de nuestra fe, de esa fe que, salvando todas las excepciones, por numerosas y respetables que sean, es el norte hacia el cual, instintivamente, se vuelven las miradas y los pasos de España y de los españoles en las horas críticas de dolor de la Historia y de la vida.
Pero se ha hablado aquí de algo más. Han salido, como decía, a relucir principios, actuaciones, idearios políticos, y se ha hablado de Maciá como personificación de esos principios y de esas actuaciones políticas, y nosotros, que nos hemos asociado a ese dolor, y consecuentemente a las manifestaciones de ese dolor, no podemos asociarnos a nada que pueda significar ni coincidencia remota con esos principios y actuaciones, y lógicamente, extremando hasta el límite la cortesía, por las circunstancias de dolor en que os dirijo la palabra, cuidaremos muy mucho de sumarnos a nada que pueda representar homenaje a esos principios, a esas actuaciones, ni homenaje a la propia personificación de esos principios y esa política en el difunto Sr. Maciá. (Muy bien en la minoría popular agraria.)
Como digo, no es esta la ocasión, porque he querido apartar de mis palabras toda intención polémica, de entrar a definir actitudes y criterios políticos; pero nosotros no podemos borrar ni una tilde, no podemos olvidar ni un acento de aquellas fórmulas escritas o habladas en que se ha condensado algo, en que para nosotros está todo nuestro corazón y aún algo más: un criterio de razón, para nosotros inexpugnable, y por lo tanto invariable a la vez.
Cierra España.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










